miércoles, 4 de junio de 2014

     LA CIUDAD COMO ESCENARIO DE INTERACCIÓN SOCIAL
UN ESTUDIO DE LA TRASHUMANCIA URBANA EN LOS ESPACIOS
          PÚBLICOS DE LAS GRANDES CIUDADES
       Autora: Aminta Aquino
      Universidad Fermín Toro
    amintaaquino@yahoo.com
phdaminta_aquino@yahoo.com
     prof.a.aquino@gmail.com
         Carabobo, Venezuela
                                    RESUMEN
       El espacio abierto y las gentes que trascurre en él es el motivo ontológico
para desarrollar este artículo devenido de avance de investigación, siendo su
propósito final el de generar una aproximación teórica-crítica acerca del fenómeno
callejero y las representaciones sociales en su vida cotidiana, El paradigma del
método cualitativo y la modalidad etnográfica convienen para razonar en cuanto
el funcionamiento y la asignación de significados de la vida y acción social de los
sujetos de la investigación, por lo que se escoge a Córdova (1990) y Martínez
(1991) como referentes teóricos. La argumentación atiende al reconocimiento
sobre las personas rezagadas y permite conocer e interpretar el fenómeno social
de la exclusión y su contraparte la inclusión desde la óptica viabilizada por otras
salidas. Se sostiene teóricamente en Aristóteles (1990), porque explica las
características deseables de las ciudades y la conducta de sus habitantes; al igual
que Seijas (2004); Alayón (1999), Heidegger (1982), para entender las nostalgias
en las ciudades actuales, pero a la vez las eventualidades de los grupos y sus
variadas obligaciones de enrevesados acatamientos; en Moscovici (1981, 1986),
Ibañez (1988), Jodelet (1988), Villasante (2006) y Perera (2005), para entender-
interpretar las representaciones sociales y significados de esos modos de vida
callejeros. Rousseau (1990) y Fermoso (1982) para lo educativo.
      Palabras claves: Espacio Abierto, Interacción
representaciones sociales, trashumancia urbana.
e
inserción
social,
Fecha de Recepción: 18-07-2013
Aceptación: 14-08-2013
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          THE CITY AS SCENE OF SOCIAL INTERACTION
A STUDY ABOUT THE URBAN TRASHUMAN IN THE SPACES PUBLIC OF
                      THE GREAT CITIES
                                      ABSTRAC
        The open space and the people who trascurre in him is the ontologic reason
to develop this happened article of investigation advance, being their final intention
the one to generate an approach theoretical-critic about the street phenomenon
and the social representations in their daily life, the paradigm of the qualitative
method and the ethnographic modality agree to reason as soon as the operation
and the allocation of meaning of the life and social action of the subjects of the
investigation, reason why it chooses to Cordova (1990) and Martinez (1991) like
referring theoreticians. The argumentation takes care of the recognition on the left
behind people and allows to know and to interpret the social phenomenon of the
exclusion and his contraparte the inclusion from the optics viabilizada by other
exits. It is maintained theoretically in Aristotle (1990), because it explains the
desirable characteristics of the cities and the conduct of its inhabitants; like Seijas
(2004); Alayón (1999), Heidegger (1982), to understand nostalgia in the present
cities, but simultaneously the eventualities of the groups and his varied obligations
of complicated observances; in Moscovici (1981, 1986), Ibañez (1988), Jodelet
(1988), Villasante (2006) and Perera (2005), understand-to interpret the social
representations and meaning of those street ways of life. Rousseau (1990) and
Fermoso (1982) for the educative thing.
      Keywords: Opened space, Interaction and social insertion, social
representations, urban trashumancia.
Date Received: 18-07-2013
Acceptance: 14-08-2013
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INTRODUCCIÓN
El entorno en general que observa situaciones de agobio social, incluso,
los investigadores mismos, les invaden con frecuencia la tentación de creer que
ellos pueden descifrar, analizar y comprender los modos de vivir de los demás,
obviando, desde luego, toda la rica y diversa experiencia que previamente han
acumulado los actores callejeros y que, en cierta manera, también los convierten
en “expertos” para conceptualizar
lo vivido. Sin embargo, investigadores y
profanos lanzan a priori opiniones frente a consideraciones que sólo han visto,
olvidando que la vida supera todo aquello formulado por los demás.
Por tales razones, el pesquisaje de la información de primera mano tiene sentido,
siendo ésta la función esencial en los investigadores, porque, sin tal perspicacia,
todo estudio será superfluo; así entonces, la disertación de lo investigado para
que cuente con un grado de formalidad académica, debe sostenerse con los
criterios de los conceptos de los estudiosos del tema, para con éstos realizar un
trasiego hermenéutico de eso observado y así darle fundamentación cultosa;
trasiego a la vez doble, porque hay que buscarlo además en el significado que los
individuos y grupos le asignan a sus vidas en estos espacios libres, en
consideración a que las representaciones sociales no son meros espejos mentales
del mundo exterior. El campo invisible de las representaciones sociales no es una
operatividad empírica para el investigador por más “clara” que parezca.
Lo que está sucediendo en la calle es un mundo de relaciones y conflictos no
suficientemente develado en las investigaciones acometidas. Una serie de
proyectos relacionados con la integración han fracasado o han sido de escasa
eficacia, pues en su fundamento han obviado las diferencias socioculturales de los
grupos humanos, más con las características e intención con que se estudian los
nuestros.
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Del mismo modo, la escuela formal y sus profesionales no han
considerados las diferencias antes señaladas, porque trabajan sobre la
uniformidad en las aulas y planes curriculares, y todo lo que se desarrolla en ellas
parece indicar que no hay o habrá en el futuro inmediato, una variante que
satisfaga esa crecida diversidad cultural para que de alguna forma, quienes
ingresen al sistema, se sientan a gusto y no salgan hasta cumplir con los planes
de educarse, y obtener un ejercicio permanente de ciudadanía a la vez que oficio
o profesión.
Una de las razones de tal práctica y creencia se debe a que se ha
caracterizado el hecho educativo bajo métodos similares a los aplicados en las
ciencias naturales, y si bien se han asomado estudios cualitativos en educación,
los cuales se orientan a comprender lo que ocurre en la práctica pedagógica,
éstos no han sido suficientes, puesto que es evidente el olvido de categorías
subyacentes en esa realidad educativa.
En razón de lo expuesto, se presenta este artículo el cual es un avance
devenido de investigación de corte cualitativo en la modalidad etnográfica,
orientado a la indagación de las representaciones sociales en el ámbito geográfico
del estado Carabobo; se propone como objetivo el de generar una aproximación
teórica fundamentada en la idea fuerza de la comprensión y análisis de conductas
callejeras, el sentir y el querer de estos habitantes en su mayoría rechazados y sin
asiento fijo, y con ello, alternativas posibles para la transición social-educativa de
los actores observados.
Fundamentalmente se espera dar cobertura al espacio intelectual creativo
en la vida pública desde una visión crítica, para lo cual es necesario intentar y
comprender las condiciones de extrema vulnerabilidad de hombres, mujeres,
adolescentes y hasta niños, quienes hacen todo lo posible para subsistir, a pesar
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de las incertidumbres, angustias y situaciones desiguales que se presentan en los
espacios públicos de las grandes ciudades de la civilización occidental.
Las grandes ciudades tienden a caracterizarse por la presencia de seres
que viven en relaciones sociales estancadas, involucionadas, con una pequeña o
casi nula socialización y movilidad. Por otra, personas que han hecho presencia
histórica y progresista, con reconocida figuración social por tanto. Ante la
desigualdad vivida, quedan los primeros en el interior de un continuo que los hace
vivir entre lo legal y lo ilegal, con formas complejas de interacción e interpretación
teórica particulares, como lo señala Córdova (1990).
El estudio busca una visión de conjunto sobre hechos cruciales y puntuales
que hoy en día se vive en las grandes ciudades donde se observan crecimientos
económicos importantes, lo que conlleva al llamado y permanencia de grupos de
personas
que se ubican en sitios, los cuales siempre se han considerado
los espacios públicos, donde se van formando
pertenecientes a todos como son
aumentativamente miembros que lucen diferentes al resto de la sociedad urbana
y a la vez sin posibilidades de educación.
Desde la perspectiva planteada, surge la intención de contribuir a la
reflexión sobre la condición del espacio urbano con los actores sociales
señalados, poniendo énfasis en los procesos sociales, culturales y de
simbolización, que son parte esencial de la vida social. Esa inmensa trama entre
habitantes
singularizados,
bien
puede
apreciarse
mediante
estrategias
metodológicas no convencionales para abordar fenómenos y acciones educativas,
de manera que por su intermedio se logre la inclusión social hasta ahora no
resuelta, y más en estos casos donde se observa un celoso resguardo hacia sus
modos de vida los cuales consideran muy suyos.
El
acento
en
la
vivencia
experienciada
requiere
un
enfoque
etnometodológico, para desde ahí tejer las claves interpretativas de las
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concepciones relacionadas con las emociones, sentimientos, tomas de decisiones
y, en particular, a esos espacios, al trabajo y recreación, a su educabilidad y
posible educación; por otra, este campo de indagación, rico en vivencias y
complejo en su constitución, puede aportar perspectivas emergentes en el campo
educativo-social para asignar algún sentido a la convivencia social en el país.
Es entonces la investigación, y por tanto este artículo, vinculado al paradigma
interpretativo vivencial, sostenido por los estudiosos de la fenomenología, la
hermenéutica fenomenológica y la antropología social, orientados al plano de la
educación como ámbito disciplinar de intervención.
Para su mayor comprensión, se presenta Teorías y Conceptos, conformado
por las representaciones sociales y grandes ciudades desde lo onto-
epistemológico, que narra la interconectividad que tienen ambos para la
conformación de lo comunitario y lo social; Ciudad y Hombre, el cual busca la
interacción de esos dos elementos necesarios para acceder a la civilidad;
Trashumancia Urbana e Interacción Académica, donde se muestra la ciudad como
testimonio y desde ahí explicar e interpretar la movilidad de grupos disidentes, lo
que se ha reflexionado desde los teóricos para darle visiones hermenéuticas;
Metodología implementada en la investigación, las Conclusiones y Reflexiones
desde una visión crítica, y las Referencias teóricas que sostienen este trabajo de
investigación y ahora artículo.
TEORÍAS Y CONCEPTOS
Representaciones sociales y grandes ciudades
En la civilización occidental, el ciudadano común que transita por las zonas
urbanas en sus espacios públicos, plazas, calles, y centros comerciales, observa
la presencia de personas, antes sólo adultos, ahora con la adición de niños y
adolescentes, que muestran un perfil social interesante: tienen, como grupo o
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como individualidad, diferentes maneras de percibir la realidad desde el espacio
público urbano, de acuerdo a la necesidad o al derecho que cada quien cree
tener como poseedor de tal espacio.
Lo que se observa luce complejo por el hecho de que ya no es esporádico
o cíclico esta aparición, no es el fenómeno una novedad, sino que se presenta
lleno de aparentes rituales, provocando que muchos confundan estas formas de
vida con un desvarío delincuencial, bohémico y hasta consumista, para lo cual
creen que el remedio es la represión policial. Todo esto relieva la situación de un
sector de la población quienes con alarma se perciben mutuamente, pero que sin
embargo, se remiten mensajes contradictorios a los intereses que cada uno cree
tener.
Pero el caso visto en esta franja es que no se patentiza el desborde de
energías o violencias, son, por el contrario, seres silentes, conformes, y
aparentemente, sin esperanzas y oportunidades de entrar en el gran concierto de
sus bienaventurados
semejantes, por la escasa posibilidad de dinamismos e
historicidad, aunque con una patente ausencia del concepto de opinión pública.
La conformidad de estos moradores aparece como expresión de
negociación frente a la distribución asimétrica del poder; por ello, en ocasiones se
defienden con la desidia y el silencio frente a las ofertas de quienes ven que no
corresponden a sus intereses, manteniendo así sus hábitos y sentimientos en
forma clandestina, estructura organizativa sui géneris difícil de comprender y más
de penetrar, contraponiendo derechos consuetudinarios contra los sistemas
jurídicos establecidos.
Kelman (1961) llama a la descrita conducta “conformidad simulada”, la cual
consiste en la aceptación pública de un comportamiento o sistemas de valores sin
apegarse a ellos en forma suya, privada, lo es sólo en apariencia; así entonces,
los pobladores de la calle se someten a algunos dictámenes sociales a fin de
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evitar perjuicios, como es el caso de apartarse “momentáneamente” de ciertos
sitios cuando es conminado a ello, para luego volver en una especie de burla
necesaria, dando con ello algún “descanso” al resto de los pobladores normados.
Estos habitantes particulares son también estereotipos por su forma de
representación colectiva, en tanto que aparecen como copia o copias idénticas de
una representación, porque, además, cuentan con un conjunto de atributos de un
hecho social u objeto que se convierte a la vez en una categoría, desde la cual se
reúnen e identifican grupos albergados bajo esa misma cualidad.
La Representación Social, particularmente la habida en los grandes centros
poblados, sirve como escenario onto-teórico, porque a partir de ella se pueden
explicar cambios, hábitos, conductas, acciones y hasta sentimientos que pueden
trastocar, en este caso de la investigación, la relación de los sujetos actores en su
vida cotidiana, cómo éstos actúan para permanecer en esos espacios escogidos
como morada indispensable, pero a la vez, rechazada por los demás habitantes.
Moscovici explica que “si bien es fácil captar la realidad de las
representaciones sociales, no es nada fácil captar el concepto”. (En Ibánez, 1988,
p. 32).
Y es que la representación social es un acto controvertido en el campo de
las
investigaciones
sociales.
Comúnmente
se
relaciona
el
grupo
o
individualidades, con un objeto determinado. Representar entonces, tanto en el
sentido estricto de la palabra y del caso de estudio, es volver a presentar o re-
producir
un
objeto
cualquiera
mediante
un
mecanismo
alegórico.
La
representación es subjetiva en última instancia, porque se tiene el contenido
concreto de un acto de pensamiento que restituye simbólicamente algo ausente,
que aproxima lo lejano que no se tiene o carece. La particularidad que en alguna
forma garantiza la representación, es su aptitud para fusionar percepto y concepto
y su carácter de imagen.
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Las representaciones sociales, en sentido conceptual, son mecanismos
explicativos que se refieren a una clase general de creencias o bagaje cultural de
una sociedad o grupo comunitario. En ellas se materializan las representaciones
individuales que no son sino la expresión particularizada y adaptada a las
características de cada grupo concreto, como así o explica Ibañez, (1988).
En todo caso, la representación siempre cuenta con un significado asociado
que le es inherente. Es una construcción compleja con peso importante,
poseedora de un objeto propio, de carácter activo y creador de los individuos o
grupos que moran en las ciudades, y objeto ontológico de esta investigación, los
cuales indefectiblemente van acompañados de sus creencias y contriciones; pero
también sus habilidades para mantenerse en tal re-producción.
Para entender mejor la teoría señalada, se acude a Jodelet, (1988), quien
explica que es la forma mediante la cual un conglomerado se organiza y activa.
Para este autor, es una manera de conocimiento social, un “saber del sentido
común”, lo cual termina por constituir un pensamiento práctico orientado a la
comunicación, la adaptación o dominio del
entorno. Estas representaciones
permiten luego interpretar, dar sentido a lo no planificado o esperado, incluso,
clasificar lo que
va
de
improviso
aconteciendo
permitiendo
actuar en
consecuencia; es, en síntesis, la organización de la realidad concreta constituida a
partir de las experiencias y trayectoria de la vida. Jodelet la expresa como un
conocimiento espontáneo, ingenuo, intuitivo, que se asemeja al llamado sentido
común, distinto por supuesto a lo que se conoce como conocimiento científico o
planificación racional, el cual, como se sabe, es organizado y predecible.
Pero una representación social no es la exposición o reproducción pasiva
de un conglomerado en particular, en ella también participa el imaginario social o
colectivo. Visto así, los “demás” también se convierten en Representaciones
Sociales, porque ayudan con su escritura mental a darle significado a eso que
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aparece cotidianamente; se observa una especie de “juego de espejos”, donde
los sujetos habitantes de la gran ciudad se envían mutuamente elementos de
conocimiento, posiblemente sin proponérselos, respondiendo a la movilización de
representaciones sociales, en donde
subyace alguna teoría explicativa de los
significados de ese conjunto el cual se observa como dispar, siendo los sistemas
de explicaciones y teorías científicas que facilitan estas representaciones,
causantes de debates por los enfrentamientos y desestabilización social, en el
afán de subsistir unos y el de mantener su poderío los otros en ese juego de
reflejos.
En razón a ello, a la representación vista se le tribuyen signos, códigos,
símbolos, distintivos incluso míticos, que los hace finalmente caracterizarse y
formar grupos distintos o al menos
humano.
A la vez, los hechos sociales no difieren sólo en calidad, poseen otros
sustratos, no evolucionan en el mismo medio ni dependen de las mismas
condiciones. Esto no significa que sean “hechos psíquicos” de alguna manera, ya
que todos consisten en formas de pensar o actuar. Los estados de la conciencia
colectiva “son de naturaleza distinta a los estados de conciencia individual, son
representaciones de otro tipo: tienen leyes propias” (Durkheim, 1895, citado por
Perera, 2005, p. 28).
La realidad social obliga a plantear constantes cuestionamientos al Estado y
a los investigadores de ese campo, cualquier estudio que se haga sobre el
particular debe estar claro y bien informado de lo que “realmente” pasa en ese
medio y sus moradores, porque, de acuerdo a Villasante, (2006):
En las ciencias sociales frecuentemente nos encontramos con
objetos de estudios rebeldes, con sujetos que por sí mismos se
constituyen en movimientos sociales o con movilizaciones que se
constituyen en sujetos. Y no sólo cuestionan o critican las técnicas
desiguales en ese gran conglomerado
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que los analizan, sino que además practican sus propios
experimentos de prueba y error (p. 400).
Para Ibáñez (1988) las representaciones sociales son producciones
sociales que trascienden a los individuos, formando luego parte del bagaje cultural
de una sociedad, porque son sus expresiones particularizadas y adaptadas a las
características de cada individuo en concreto, aunque vivan en conglomerados
humanos extensos.
El paradigma de Representaciones Sociales comienza a delinearse con
Moscovici quien populariza el término desde la teoría psicoanalítica. Sin embargo,
ya venía trabajando en este concepto viéndolas como las creencias compartidas
por un gran número de personas en el seno de un grupo o de una cultura. Jodelet
la define como… “variados niveles de complejidad, individuales, y colectivos,
psicológicos y sociales. Y además, una nueva unidad de enfoque, fecunda para la
psicología social, prometedora para las otras ciencias sociales”. (En Moscovici,
1986, p. 469).
Para Jodelet, las representaciones sociales se presentan:
…bajo formas variadas más o menos complejas. Imágenes que
condensan un conjunto de significados; sistemas de referencia que
nos permiten interpretar lo que nos sucede, e incluso, dar un
sentido a lo inesperado, categorías que sirven para clasificar las
circunstancias, los fenómenos y a los individuos con quienes
tenemos algo que ver; teorías que permiten establecer hechos
sobre ellos. Y a menudo, cuando se les comprende dentro de la
realidad concreta de nuestra vida social, las representaciones
sociales son todo ello junto. (En Moscovici, 1986, p. 472).
Visto así, las Representaciones Sociales son formas de conocimiento social
devenidas de la actividad mental desplegada por los individuos y los grupos
cuando estos tratan de fijar posiciones en relación a acontecimientos, objetos y
comunicaciones relacionados con ellos, para lo cual requieren de un contexto
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concreto donde se sitúen comunicaciones entre ellos, algún marco cultural que los
una, códigos, valores e ideologías relacionados con las jerarquías o posiciones y,
pertenencias sociales específicas que los hagan sentir con alguna jefatura sobre el
terreno y sobre los demás.
De acuerdo a la psicología ingenua, la gente tiene un conocimiento de su
entorno a través de la percepción y de los sucesos que ocurren en él: logran este
conocimiento mediante la percepción y otros procesos, se ven afectados por su
ambiente personal e impersonal, permanecen en relación de unidad con otras
entidades, y son responsables de acuerdo a ciertas normas. Todas esas
características determinan el papel que la otra persona juega en nuestro espacio
vital y cómo reaccionamos ante ellas. (Heider, 1958; citado por Perera, 2005).
Jodelet (1988) observa que los contextos sociales
pueden influir en los
comportamientos, en los procesos individuales de las personas, y acciones que
los grupos sociales realizan para construir su propia realidad.
La tendencia que se ha venido empleando para explicar el comportamiento
de los demás, incluso, en los investigadores sociales, es a través de
las
características estables de éstos, de una tonalidad sin alteración significativa que
permita “igualarlos”.
Al respecto Paicheler se pregunta:
¿Acaso el objeto de la psicología es investigar las reglas de
funcionamiento de esta psicología lógica, lamentar sus
desviaciones de la lógica formal que debería ser la de un individuo
racional? ¿No debe ser más bien estudiar y comprender la eficacia
de “otras lógicas” (En Moscovici, 1986, p. 399).
Y es que, comenta Paicheler, el sujeto pueda que no conozcan la teoría
para entender algún proceso, sin embargo, sí la utiliza y son utilizados por ella.
“…si bien son capaces de enunciar sus efectos, su lógica no les resulta
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evidente…el sujeto no puede vislumbrar la lógica que subyace bajo su impresión”
(Paicheler en Moscovici, 1986, p. 400).
Lo anterior explica cómo el universo cognitivo de los sujetos de la calle en
estudio, se opone al rasgo conservador y “lógico” de los demás, no por falta de
acuerdos, sino, por el rechazo per se de las normas sociales, las cuales, como es
de suponerse, no fueron confeccionadas por ellos.
No obstante, si se analizara con mayor profundidad el punto expuesto por
Paicheler, encontraríamos que los errores de juicio no son solo prerrogativas del
grupo de las personas en estudio, porque los juicios que hacemos sobre los
demás
y sobre nosotros mismos, pueden resultar erróneos, y en ocasiones,
frecuentes, sin sentido.
Moscovici
(1981)
explica
que
es
más
pertinente
estudiar
las
Representaciones Sociales como una constante interacción entre individuo y el
grupo, con el sistema social
y el medio ambiente. Esta concepción dinámica
permite entender la desadaptación como un accidente en la organización social,
en tanto “…individuos y grupos intentan crecer, es decir, buscan y tienden a variar
su condición y transformarse a sí mismos” (p. 28).
El esquema que aquí se expone
para planear las Representaciones
Sociales, abre un campo de conocimiento para ampliar las discusiones entre lo
individual y colectivo, las ideas, lo real y lo simbólico, todo lo cual ha sido polémica
en las ciencias sociales.
Es el caso de diagnósticos y aplicaciones de soluciones sobre otros sin que
se les hayan solicitado opiniones sobre ese
particular, lo que evidentemente
resultará a la postre inoficioso y sin sentido, porque la realidad objetiva no calza
con la “realidad subjetiva” de los propios personajes, por consiguiente, los juicios
sociales que califican de imperfecto un comportamiento humano realizados por las
personas y acatadas por las instituciones privadas y hasta gubernamentales sin
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saber los procesos que viven los estudiados,
sin este conocimiento, se repite,
puede ser un error de apreciación. En este sentido, Moscovici (1981) apunta lo
expresado por Fauconnet:
Las gentes temidas por su brutalidad son las primeras
sospechosas de un crimen violento; las personas despreciadas, de
una vileza, las personas que provocan repugnancia, de un acto
inmundo. Las personas “mal vistas” son acusadas y condenadas
mediante indicios que se considerarían insuficientes, si una
prevención favorable no las emparentara de antemano al crimen.
Por el contrario, si concedemos nuestra benevolencia al acusado,
exigimos pruebas irrefutables para imputarle la materialidad del
crimen. (En Moscovici, 1981, 419).
Así entonces, la apreciación que pudiera darse sobre las condiciones
sociales y las apariencias
de sus actores, no es una cuestión sencilla; sin
embargo, estas explicaciones suceden con mucha frecuencia; cada día los
investigadores sociales, y otros no tanto, hacen juicios de este tipo, cayendo más
bien en teorías de atribución, provocando realidades de descalificaciones y
exclusiones en los escenarios de las grandes ciudades.
Las relaciones sociales que se dan entre los seres humanos se han
caracterizado a través de los tiempos por los variados desacuerdos que se
suscitan entre éstos. En ellos se pueden apreciar los históricos rechazos,
aceptación, estima, hostilidad, cuando no comportamientos en los que cada quien
pretende imponer los suyos como valor o poder. Y es que la vida cotidiana puede
ser interpretada desde lo que sucede todos los días, del actuar diario, pero
también desde la vivencia interior de cada quien.
Si comparáramos la objetividad del planteamiento primero, encontraríamos
a un hombre materializado, sociable, adaptado a las normas que esa sociedad
impone, en fin, un sujeto histórico que conforma su mundo inmediato de acuerdo a
lo que le ofrece la civilidad y el mercado; aprenderán la importancia de las
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instituciones, de la producción, la comunicación, la gratitud, los afectos y saberes,
habida razón de que posee las competencias necesarias para dominar ese
ambiente; quien carezca de la asistencia de la educación, no podrá distinguir lo
falso de la verdad, de esa verdad entendida como escogencia menos calamitosa
de modos de vida, preferirán la dispersión y el dogmatismo por la carencia de un
norte en sus acciones. Heller (1996).
Ciudad y hombre
La importancia de la ciudad y los hombres en ella es tema antiguo.
Aristóteles, en el Libro Primero de Política semejaba ciudad con comunidad, la
cual se constituye en vista de algún bien. No concibe por tanto la separación de
comunidades humanas y la obtención del bien mutuo. Plantea Aristóteles (1990)
que la ciudad, al llegar a asociar los municipios y bastarse a sí mismo, es un fin, y
por tanto, lo mejor; al respecto expresa:
...resulta manifiesto que la ciudad es una de las cosas que existe
por naturaleza, y que el hombre es por naturaleza un animal
político; y resulta también que quien por naturaleza y no por casos
de fortuna carece de ciudad, está por debajo o por encima de lo
que es el hombre. Es como aquél a quien Homero reprochaba ser
sin clan, sin ley, sin hogar (p. 191).
En igual Libro explica que la ciudad es anterior al individuo, y si alguien por
ser suficiente no la necesitare, no sería más parte de la ciudad, sino, una bestia
o un dios. Así lo decía:
Pero si los hombres se empeñaran en el proceso de extrema
unidad de la ciudad, se convertirá en ciudad de familia y luego de
familia en hombre, de la familia se puede predicar la unidad más
que de la ciudad y del individuo, y aunque alguien pudiera llevarlo a
cabo, no debería hacerlo, pues con ello deshumaniza la ciudad (p.
210).
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Se infierenfiere de lo expresado por Aristóteles, que las ciudades no son
perfectas y sus habitantes iguales o con condiciones parecidas; es imposible
pensar la conformación de ellas con elementos homogéneos o unificados, esta
realidad más bien las desvirtuarían. No corresponde a las ciudades alcanzar la
unidad que algunos pretenden, si se lograra, se destruiría la ciudad, que es un
bien mayor.
En el Libro Tercero de igual autor, plantea que la actividad del político y del
legislador tiene por objeto la ciudad: ésta es una colección de ciudadanos, pero,
¿quién es un buen ciudadano? Aristóteles lo formula al decir que será “…aquél
que no pueda imputarse ninguna deficiencia que debe ser corregida por una
calificación ulterior” (p. 238), ciudadano será luego quien tenga participación en los
distintos poderes cuando se trate de gobiernos democráticos. Si no tuviera el
hombre existencia política, si no participara de los beneficios comunes, no sería
por tanto ciudadano, es pues tal, quien tiene derecho a intervenir en los poderes
deliberativos; y ciudad,
“…al cuerpo de ciudadanos capaces de llevar una
existencia suficiente. (Aristóteles, 1990, p. 239).
Algunos esperan que las ciudades se compongan en su totalidad de
ciudadanos virtuosos, buenos y justos, esto sería desde luego la ciudad perfecta,
casi utópica; pero está visto que la ciudad se conforma por elementos distintos,
porque los mismos hombres tienen conceptos diferentes acerca de lo que debe
entenderse por virtud, justicia o bondad o por otros adjetivos que se espera los
distingan.
Para Aristóteles, el fin de la ciudad es la vida mejor, es la comunidad de
familias para una vida perfecta y autosuficiente, para una vida bella y feliz. El
bien de la ciudad es la justicia, que es el bienestar público, siendo la educación y
la virtud las que podrían hacer valer las pretensiones más justas. Pero ni siquiera
el habitante de mayor equipamiento intelectual esperaría esa quimera, porque el
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hombre tiene la libertad de elegir, aún sobre tan altos ideales
especial espacio y vida personal.
configura
su
Las virtudes señaladas por Aristóteles obligan a opinar que los
trashumantes de las zonas urbanas, y quienes nos venimos refiriendo en esta
investigación como sujetos de estudio, están en una situación sub júrice, toda
vez que se colocan fuera de la normativa social, en un mundo aparte donde
impera la anarquía y la marginalidad extrema, situación que además de ser un
problema social, también lo es de Estado, ya que a éste no le conviene perder
los controles de una parte de los habitantes del país. Lo observado es que
quienes han tomado las calles y espacios públicos por asalto, se gobiernan y
conducen por reglas y leyes propias y hasta perjudiciales para ellos mismos. Es
inadmisible
en
un Estado moderno
la pérdida de ese dominio social a tal
extremo por parte de habitantes del país.
A lo largo de la evolución y desarrollo de los centros poblados se han
verificado
crisis,
cambios
y transformaciones
que
van
indefectiblemente
conectados a la vida humana, hasta llegar a la configuración de lo que es y
representa la ciudad actual. Esta trayectoria se inicia desde la precariedad del
campamento, aldea o rancho, donde encontraba
el hombre y sus familias
protección ante las fuerzas y ciclos de la naturaleza, lo que implica la eterna
necesidad de supervivencia.
Por ello, expresa Seijas (2004), que hablar de la ciudad es hablar del
hombre en cada uno de sus tiempos y sus espacios, pero en todos le ha servido
como escenario de una realidad social que en ocasiones se cumple en ella el
proceso dialéctico
respecto
a la acumulación de poder económico, militar o
político que se aseguran unos pocos, mientras que otros muchos acumulan el
empobrecimiento y la degradación. Entonces, ante los ojos de todos, pero que
nadie ve, actúan esas fuerzas contradictorias en clara orientación a sus
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propósitos: tomar el espacio que le asegure mantenerse en ella, verificándose con
tal acto una oposición entre un grupo o sector de la población arraigada, y por
otra, una estimable parcela humana que no manifiesta signos de pertenencia.
El hablar del tema del hábitat es plantear una necesidad esencial del ser humano,
el cual indefectiblemente tiene que estar supeditado a un territorio; si éste provoca
lazos de pertenencia hacia los sujetos habitantes, surgirá una inmovilidad,
resultante de las raíces del hombre-territorio. Para Heidegger (1982), la visión
nostálgica de las sociedades modernas es que precisamente se habita sin arraigo;
los vínculos afectivos, esto es, su espacio emocional con el territorio, se rompen,
causados por los variados motivos por los cuales se abandona lo que se quiere y
se vive donde se encuentre el sustento, aunque con resistencias tanto propias
como ajenas, caso de nuestros sujetos.
Sin embargo, hay que anotar en el tema de estudio que las sociedades
modernas tienden a sustituir los conceptos de pertenencia afectiva por otras de
tipo económica. Y en el caso de los sujetos de estudio y el territorio, más que la
falta de pertenencia y enraizamiento afectivo, lo que disgusta e inquieta por su
carga de desigualdad, son los fuertes tejidos de poder que nacen y mantienen en
las grandes ciudades, poder vedados a estos actores en referencia.
Por otra parte, es claro que los modelos urbanísticos traen consigo una
serie de fórmulas burocráticas y normativas legales que en ocasiones no están al
alcance de la comprensión de los desarraigados, así como las satisfacciones de
pagos y contribuciones tributarias que se exigen en los conglomerados urbanos,
manera de permanecer en ellos. En atención a ello, la ciudad, que fue diseñada o
destinada para que en ella se protagonicen los eventos mundiales, intercambios y
transacciones económicas del mercado, no podrá en consecuencia el marginal o
desempleado rivalizar con esas fuerzas del mercado, colocándose por tanto los
75

sujetos carentes como un subproducto medrando de ella, como alguien quien
pueda alcanzar semejantes bondades.
Es el caso de miradas ubicadas en posiciones particulares que habitan la
ciudad, quienes no están en condiciones de ordenar cognitivamente sus estímulos
sensoriales, entonces, sus repertorios personales, sociales y culturales los hace
volver más aun dispares en la dimensión comunitaria de la gran ciudad, la cual
es percibida históricamente como objeto de consumo, como si se tratara de una
mercancía, así, los “recién llegados”, es lógico que pierdan
su capacidad de
retribución y por tanto de aceptación en ese mundo de rivalidades.
Contextualizando, se sigue insistiendo en que la sociedad es un todo
unitario, dándole con ello una calificación romántica cuando en verdad detrás de
ella se solapa una serie de intereses y realidades. Alayón (1999) señala que la
misma no es homogénea en bondad,
mientras que algunos tendrán mejores
suertes. Está claro que todos no podrán “montarse en el tren”, porque para ello se
requiere tener competencias económicas además que cognitivas y sociales.
Como una significativa cantidad de personas están fuera del mercado del
trabajo y la producción, se han encontrado en las calles perdiendo toda privacidad.
La calle, con tales habitantes, es el sitio de realización grupal, como lo señala
Alayón. Bajo esa modalidad se encuentra en Latinoamérica, y en nuestro país
una serie de grupos, como lo son los niños de la calle. La entrada a Puerto
Cabello está llena de sancocheros y vendedores ambulantes, muchos espacios
urbanos son visitados frecuentemente por recoge latas, cartoneros, buhoneros,
mendigantes, “recreadores urbanos”, entre otros sujetos rutinarios y silentes.
Desde ahí tejen sus relaciones sociales donde construyen nuevas formas
valóricas que se alejan de esa unidad societal nombrada anteriormente.
En consecuencia, las calles de Latinoamérica y de las principales ciudades
de Venezuela, en especial las zonas centrales de la gran Caracas y Valencia, se
76

han convertido en territorio social donde se desarrollan procesos de agrupamiento
desde los cuales los actores sociales perentoriamente buscan acceder a los
bienes, y en el mejor de los casos, a la comida diaria.
Interesa saber en la investigación la búsqueda de reconocimientos que
pueda haber, la diferenciación en los grupos, sus modelos sociales, la
simbolización de su mundo inmediato, sin que ello comporte una apología de
grupos delicuenciales o marginales.
Trashumancia urbana e interpretación académica
La
ciudad es
dato e interpretación para el tema escogido en la
investigación y ahora este artículo, porque conlleva a una reflexión. Dato, porque
continuamente sabemos de ella, e interpretación, porque desde ahí se desarrolla
una serie de experiencias y conocimientos los cuales son producidos desde
aproximaciones metodológicas particulares, lo que ha impuesto a esta
investigación la escogencia de estrategias de investigación de corte etnográfico,
considerándose la entrevista a profundidad para saber de
las experiencias y
puntos de vista de algunos de sus habitantes, su papel en la ubicación del grupo y
la ciudad misma y, específicamente, sus visiones del mundo particular y social.
Frente a este desafío de abordar el tema, nuestra forma de acercamiento
fue través del discurso de nuestros sujetos habitantes, de sus propias vivencias en
ese espacio, los cuales intentamos reconstruir de acuerdo a la interpretación a
través de la hermenéusis, apelándose a una modalidad de conocimiento común
desde un sentir individual para ver las posibles formas como éstos pudieran
insertarse en los contextos sociales y educativos.
Todo esto conduce a pensar que la ciudad es un entramado de
percepciones devenida de su escenario de
aceras, en fin, los sitios públicos,
recursos. Así, la plaza, la calle, las
son espacios de consumo, adquisición de
77

bienes materiales y monetarios, de entretenimiento, por lo que se justifica su
apropiación de cualquier manera para su uso y permanencia. Naturalmente, los
usuarios de la gran ciudad, sean “legítimos” o “intrusos”, generan
razones,
relatos, interpretaciones, o identificaciones, tan desconcertantes como desiguales.
Lo señalado se torna interesante en la medida en que se busque dotar esos
problemas y dificultades urbanas que se abordan, de un referente empírico que
permita entender su ubicación en temáticas conceptuales capaces de ofrecer
mecanismos de análisis y entendimiento.
Es claro además que no se puede estudiar el problema de un sector de la
ciudad sin estar en ella, lo contrario sería un trabajo meramente descriptivo. La
permanencia con los referentes empíricos se hace indispensable, porque con ellos
–y su entorno espacial- se observa el objeto de la investigación y elabora los
procesos conceptuales para comprender. Desde esa perspectiva, se conversa con
ellos sobre un conjunto de temas que tiene que ver sobre los significados que le
atribuyen a su particular modo de vida y desde ahí, generar una aproximación
teórica fundamentada en la idea fuerza de Educación de Calle como espacio de
interpretación de la transición social para los habitantes de los espacios públicos
urbanos venezolanos, objetivo general del estudio que aquí se plantea.
A manera de fundamento en lo que acá se ha comentado, la educación en
libertad comporta necesariamente que el proceso educativo se realice en un clima
de respeto y tolerancia, de autonomía e independencia por parte de los actores
intervinientes. En el caso de los sujetos de nuestro estudio, la institución escolar
no podrá educarlos ni transformarlos, mas, cuando a las claras están deprimidos
o manipulados por las tantas leyes públicas no asimiladas y mucho menos
aceptadas, por la intolerancia además de los equipos docentes, lo que los
convertirá, utilizando la más sencilla de las lógicas, en intransigentes y tránsfugas
del sistema. Además, la libertad anarquizada con que se manejan, los harían
78

sentir asfixiados sobre la cosmovisión de mundo que proyecta la escuela por no
ser la misma vivida y hasta deseadas por ellos.
La investigación y ahora este artículo trata de ubicar, hasta donde sea
posible, el tipo de educación y educabilidad que podría ser aplicada a quienes
vienen manejando por un tiempo relativamente largo, el concepto de Libertad,
patentizado en modos de vida anárquicos y sin sentido para los demás
observadores y
convivientes de la gran ciudad. Para lograr
ese objetivo es
conveniente insistir en la búsqueda de teorías
que complementen la de
Rousseau, y con ellas, darle sustento teórico a una educación de calle ejercitada
por docentes no convencionales.
En se sentido se recurre a Rousseau (1979-1990) en su Pedagogía No
Directiva. De acuerdo a Fermoso (1982), la Antropología de ésta se inspira en el
psicoanálisis freudiano, la psicoterapia de Rogers y el psicoanálisis de Lacan.
Interesa el concepto que se tiene del hombre y su libertad, quien se autorrealiza y
autoplanifica dentro de los límites impuestos por el grupo sociopolítico en el que
desenvuelve su existencia, que en el caso de la gente sujeto de nuestro estudio,
será su grupo societal: compañeros abandonados o de su misma condición de
exclusión, quienes bien pueden ahora estar rehabilitados y con disposición
anímica para prestar su ayuda.
El sentimiento de autonomía alienta a la pedagogía a que nos venimos
refiriendo, siendo la meta del proceso educativo. La autoridad social, dentro de los
grupos y comunidades, será un obstáculo para el armónico desarrollo del hombre,
y ella –la autoridad-, debe ser contestada e impugnada, conducta parecida a las
propugnadas por el filósofo anarquista, creador de la Desobediencia Civil, Henry
Thoreau (1954), quien rechazaba todo poder capaz de someter a los individuos.
Las personas que se identifican con el anterior modo de pensar, hallan serios
obstáculos para autorealizarse en los tipos de sociedades burguesas y
79

burocratizadas, porque, de alguna manera, chocan los intereses de los adaptados
al sistema, y los parecidos a los sujetos de nuestra investigación.
En la escuela tradicional o convencional, se identifica claramente el poder:
Hay una relación vertical entre los maestros y los discípulos con claros signos de
sometimiento por los adultos, el grupo pasa desapercibido. En la pedagogía no-
directiva no es el docente quien monopoliza el ambiente, los alumnos usan la
palabra dentro del grupo, y cooperan con la educación de sus iguales, a nuestro
modo de ver significativo, puesto que se plantea en esta investigación que sea
llevado el proceso educativo a través de pares, quienes
podrían
lograr la
realización reflexiva para el cambio de los modos de vida de la gente de la calle,
sujetos de nuestro estudio.
El hombre, en cuanto persona, es digno de respeto; el conocimiento
humano es participación dialógica de quienes conocen el mismo objeto, y en el
caso de nuestros sujetos, de quienes conocen los mismos problemas. De ahí que
sigue confirmándose la validez de la participación de docentes de calle,
conocedores vivientes de las penurias de sus pares, y quienes estarán más lejos
de la manipulación, no imponiendo sus ideas, sino, que
pueden convertir al
proceso educativo y de inclusión en un proceso dialógico, de comprensión, porque
además, son actos de amor, de fe y esperanza que ofrece el docente voluntario de
la calle.
Y lo que se da importancia vital en la investigación que se ha abordado: el
hombre necesita poder
decir su “palabra”, para lo que es indispensable ser
alfabetizado y asimilar la cultura de su ambiente. Pero esa palabra también
significa expresar sus sentimientos, sus afectos, relatar sus experiencias sacadas
de esa vida que posiblemente desee cambiar.
Igualmente, influye en la situación de calle y en la esclavitud en general, la
visión que se tenga sobre el mundo, que en el caso de nuestros sujetos de
80

estudios se recluye a la visión de un círculo reducido y con lecturas limitadas
sobre él. La educación liberadora es cosmopolita e internacional, incursiona en
ideologías ajenas, aprecia y padece las necesidades ajenas, por lo que pudiera
entenderse como una educación para la generosidad.
Todo lo anteriormente afirmado es posible, porque es la condición humana
del hombre lo que predica la cualidad de educable, por ello, la categoría humana
de educabilidad ocupa lugar privilegiado y esencial en el proceso educativo. A la
vez, expresa la posibilidad de que las personas adultas o significativas, ayuden a
los seres humanos en desarrollo, a realizarse, o a socializarse, esto es, a
educarse.
En el caso de los docentes, que llamamos de calle, con disposiciones de
plasticidad y ductibilidad, porque poseen una patente adaptabilidad, vivencia,
asimilación y acomodación al medio y a sus pares, en virtud de los cuales bien
puede operarse nuevas estructuras espirituales, lo que les permitirán a la gente de
la calle repesarse como individuos y como miembros de una comunidad, esto es,
personalizarse y socializarse, aún en ese medio hostil que es la calle.
De lo anterior se puede concluir que a pesar de esa exigencia inalienable e
irrenunciable que tiene el hombre, no es la educabilidad otorgada por los estados,
ni una concesión graciosa, es un derecho existente, que reconociéndolo en cada
ciudadano, tiene la obligación el Estado de ofrecer opciones y modos de hacerla
real y efectiva a todos por igual. De ahí que sea la educabilidad necesariamente
igual a todos, porque sin ella el hombre estaría privado de las posibilidades de
autorrealización, de personalización y de socialización.
Pero, reflexionemos sobre las afirmaciones y a la vez características de
nuestros sujetos, a fin de encontrar en ellos la posibilidad de educarse: El ser
humano es educable por su posibilidad autoconciente. Esto significaría que el
predicado de la conciencia es la manifestación más genuina de la educación
81

porque mueve el espíritu de actuar y operar, lo que a la vez son características
del proceso educativo. A la par, es necesario que en ellos fluyan los actos
emocionales, que ya no son los pensamientos, sino lo afectivo, lo que los hará
“mover y desear” ser diferentes. Si los sujetos en estudio no son capaces de
adueñarse de estas capas de su ser, cualquier docente verá amenazado su labor
de ayuda en ellos.
METODOLOGÍA
El deslinde paradigmático lo ubica en los estudios de corte postestructural,
o como lo señalara Lyotard, (1984), en la corriente postmoderna, que se disocian
del pensamiento lineal newtoniano y asumen la posibilidad de recorrer las
instancias comprensivas-intepretativas-aplicativas de los contenidos discursivos
gestados en la interacción persona humana/sistema mundo. Es entonces la
investigación vinculante al paradigma interpretativo vivencial sostenido por los
estudiosos de la fenomenología, la hermenéutica fenomenológica y la antropología
social, orientada al plano de la educación como ámbito disciplinar de intervención.
Husserl (1982).
Lo manifestado por los actores permite la entrada a una crítica social,
cultural, educativa y política que propongan cambios en procura de solidaridad
hacia aquellas personas que muestran minusvalía social y afectiva., pero que sin
embargo ocupan un espacio, un modo de vivir y ser, los cuales pueden ser de
interés social su estudio y lo que
experienciado.
La investigación, en consecuencia, es asumida en la disposición criterial
atinente a los estudios cualitativos ya que su intención es la observación del
fenómeno tal cual como se manifiesta en la realidad, garantizando así el espacio
de legitimación del discurso investigativo que se construye como argumentación
interpretan sobre ese mundo callejero
82

teórica desde los “datos” propios de la información capturada y procesada en la
indagación.
De acuerdo a Cerda (2002), la disposición cualitativa ofrece la manera
idónea lo que se quiere estudiar, así, se puede conocer los fenómenos sociales
de comunidades y grupos específicos para reconstruir la cultura, analizarla e
interpretarla, y de esta manera, construir aproximaciones que den respuestas a
una problemática, carencia o necesidad humana existente, y en el caso que nos
ocupa, saber el significado que les asignan los actores callejeros a sus
permanencias en los espacios abiertos, el impacto hacia los demás que ello
significa, y los procesos de exclusión e integración social como marginados
urbanos, independientemente de las causas que indujeron a unos y otros para
asumir, o simplemente estar en esa situación de trashumancia.
De acuerdo a tal propósito, se da
preponderancia en la observación
directa dentro de los contextos en que se realizan. Esto supone dejar a un lado
las cuestiones relativas a la validez en otros métodos, porque el fin es estudiar
cómo los sujetos actúan en la práctica cotidiana y las concepciones que tienen
sobre ese mundo vivido; así entonces, la base metódica que se aplica en este
estudio tiende un puente entre conocimiento y acción de los sujetos, esto es, lo
empírico, entendiéndose por lo que hacen, sienten y viven los actores callejeros y,
lo teórico o aspecto científico social, de manera que se analicen, entiendan o
comprendan desde ahí.
Además, por pertenecer o ser miembros de un grupo los sujetos que se
estudian, siguiendo a Taft en Arnal y otros (1994), éstos son los hermenéutas
más adecuados para interpretar o dar información acerca de esa vida grupal,
dadas las características que señala Arnal para indicar las particularidades de una
investigación Etnometodológica. Las investigaciones que llevan la característica
etnometodológica se enriquecen por las interpretaciones y explicaciones de los
83

actores, por ser estos sujetos inseparables de la decodificación de los símbolos
que manejan.
Tipo de investigación
El trabajo investigativo desde lo cualitativo se asume como un trabajo de
campo dirigido a la observación del fenómeno educativo e interacción socializante,
que se manifiesta en los modos de vida de los habitantes rutinarios y silenciosos
de los espacios urbanos, tal como lo indica Husserl (1982) y Martínez (1991).
En cuanto a la técnica de observación, procedimiento en los cuales el
investigador presencia en directo los
fenómenos empíricos, debido a que
la
experiencia humana tiende a detenerse en aquellos hechos o situaciones que
suelen llamar más atención, más, si son casos como los que se plantean en este
estudio que a todas luces se distinguen; pero el observador le resulta imposible,
con esa sola técnica, estudiar pensamientos, ideas, creencias, sentimientos que
se producen en el interior de cada quien, puesto que el objetivo de la observación
es el de acercarse al fenómeno, conocer sus características externas, más no le
es dable el entendimiento del mismo, tal como lo expresa Ruiz e Ispizua en
Valles (1997).
En el caso de la observación nuestra, ésta se efectuó en los lugares donde
se centró la investigación, los cuales fueron los parques, plazas, calles, y sitios
públicos, donde por general transitan los sujetos a que se hace referencia, en un
período de observación de participación pasiva desde el 2006 al 2008, adoptando
roles periféricos, tales como paseante, espectadora, mero visitante de los
espacios. Se pudo anotar sobre las reglas culturales que siguen los actores
estudiados en esos espacios abiertos de la gran ciudad, y los cuales se han
señalado a través de la presente investigación. Este tipo de observación se
84

escogió porque minimiza, incluso, hace pasar por desapercibida la presencia del
investigador evitando los efectos reactivos de los actores callejeros.
Para los etnometodólogos esta observación es conveniente porque
demuestra cómo se organiza la vida social, sin embargo hay que complementarlas
con audios, videogravaciones, y especialmente las conversaciones o entrevistas,
los cuales desempeñan roles más próximos a lo que el investigador se propone,
en ese sentido, se utiliza en esta investigación la técnica de la entrevista.
Si
bien las observaciones fueron meticulosamente anotadas, estas versiones nunca
serán suficientes en la investigación científica, se necesitan además las
traducciones de los protagonistas e informantes involucrados de una u otra
manera en esos modos de comportamientos sociales, lo que le proporciona
fiabilidad a la investigación de tipo cualitativa.
En ese sentido la entrevista a profundidad fue la seleccionada en la
comunicación por ser esta abierta e informal, ya que se dialoga en ella entre
mezcla de conversación y preguntas insertadas. Esto, porque los sujetos
investigados deben percibirla como conversación y no como interrogatorio. De
este modo se suprimen en parte las resistencias encontradas.
La investigación es entonces fenomenológica, apoyada en la hermenéutica
como herramienta interpretativa de los discursos sociales y adicionalmente se
evidencia en ella una tendencia a lo microsociológico bajo las características de la
Etnometodología. Por otro, esta investigación toma como base lo expresado por
Taylor y Bogdan (1992): no busca la moralidad, culpabilidad, o la verdad, sino una
comprensión detallada de los epistemes de las otras personas, que con frecuencia
son minorías o personas que no tienen la aceptación de las mayorías, y por tanto
ignoradas a pesar de sus tragedias y sufrimientos.
El investigador busca un
conocimiento directo de la vida social, no filtrado por conceptos, definiciones
85

operacionales o escalas clasificatorias, habla directamente con los involucrados
en la situación, en este caso, los habitantes de la calle.
Diseño
En las investigaciones sociales los distintos sujetos centran sus relaciones
en la comunicación, siendo ésta un nuevo tipo de correlación entre el sujeto
investigado y el objeto en el campo científico, que en este caso, también serán
sujetos actuantes, así entonces, el investigador se convierte, al decir de Córdova,
(1990), en un observador participante, siendo la propia subjetividad una fuente de
conocimiento, aplicando luego con ella estrategias de observación más holísticas,
porque observando se comprende.
Por esa razón, el discurso cualitativo se presume preformativo y
preponderante en el caso de los habitantes de los espacios libres en su micro
mundo y en su relación con la investigadora.
El
estudio
se
estructura
entonces
como
una
investigación
etnometodológica, con base en hermenéutica fenomenológica y se asocian a ella
tres ámbitos de intervención: los espacios urbanos rutinariamente ocupados por
personas desvinculadas del rigor normado en lo social –entendidos como
habitantes silentes del espacios urbano-, ubicados en los municipios San Diego,
Valencia y Naguanagua en el estado Carabobo. El segundo ámbito de
intervención es la entrada del investigador en esa esfera de dominio de la gente
de la calle, con el propósito de indagar sobre su vivencia y sentimientos
experimentados es esa estadía, y, la tercera, la posibilidad de una inserción social,
a través de una propuesta de acompañamiento distinta a las implementadas en la
educación formal.
86

Conglomerado de informantes
Está constituido por la totalidad de los rezagados sociales que se
evidencian en los espacios urbanos públicos en el estado Carabobo, diseminados
fundamentalmente en los tres municipios ya identificados. Es de observar que en
este caso particular la data referencial es tomada de los registros de la Misión
Negra Hipólita, activada en el estado Carabobo como una extensión de la Misión
del mismo nombre que se implementan
a nivel nacional, y expedida por
la
Secretaria de Desarrollo Social de este Estado en el año 2008. De acuerdo a las
estadísticas que se llevan en la Misión regional, hay 2.986 personas registradas
como habitantes de los espacios urbanos. De ellos se
asumieron como
informantes clave un grupo de sujetos cuya accesibilidad se hizo amigable.
Informantes clave
Se configura empleando la técnica de incorporación del informante
mediante elección por conveniencia y la consideración del número de integrantes
se hace por saturación. Se interactuó con nueve actores sociales con dominio
referencial inherente al fenómeno de educación de calle, hasta tres personas por
cada municipio.
Estrategias y técnicas de recolección de información
La información se recolecta a través de la estrategia de ingreso voluntario al
escenario de investigación; se empleó la técnica de la entrevista a profundidad,
utilizando registros grabados, filmaciones y fotografías que fijen la dinámica del
escenario de trabajo y corroboren la legitimidad de la información obtenida.
87

Técnicas de procesamiento de la información
Los registros derivados de las entrevistas, grabaciones, filmaciones y
registros fotográficos, fueron tratados como rastreos vivenciales etnográficos, y
estudiados desde la perspectiva interpretativa a los fines de segmentar,
deconstruir y reconstruir los discursos.
CONCLUSIONES Y REFLEXIONES
La gran ciudad es una especie de Tierra Prometida. Hacia ella se dirigen
quienes abandonan familias y vida corriente por los motivos que sean; pero a la
vez dan lugar a diversos problemas sociales y personales por lo que es importante
su estudio en la teoría socio cultural, Pero a la vez no hay que olvidar que los
espacios abiertos son sitios para la socialización y aprendizajes si son utilizados
de una manera creativa y respetuosa.
Como estamos contestes en que la educación es un agente de cambio que
las culturas se trasmiten y modifican, tenemos que preguntar ¿cómo sería la
situación social de los familiares de la gente de la calle quienes recibirán
consecuencialmente de sus padres una herencia de marginalidad y frustración
crónica, dado, como se dijo, que también la cultura marginal se trasmite? Habrá
que hacer para impedirlo la utilización de todas las fuerzas y el poder que las
civilizaciones le han dado a la educación, y habrá que cambiar el régimen de ella,
incluyendo su administración y elaboración de sistemas curriculares, así pues, los
planes de estudios, el proceso de enseñanza y aprendizaje y el régimen de la
educación, tendrán que transformarse.
Inseguridad y deserción escolar posiblemente estén de la mano, por lo que
se exige la búsqueda de alternativas no tradicionales para la solución de estos
problemas sociales. Es necesario abrir vías educativas de manera que personas
no docentes decidan con su apoyo la transformación efectiva de otros dentro de
88

un proceso de comunicación sui géneris. Se requiere para ello una disposición y
actitud
de construcción, a la vez que de solidaridad, compasión, tolerancia,
espiritualidad, y en especial, fe, de manera que gente en situación de minusvalía
social rompa sus ligaduras del vicio y el alejamiento, recobre su dignidad de
persona humana, valore la vida, la familia, disfrute el trabajo y la convivencia en su
medio disminuyendo así las distancias sociales.
De lo anterior se puede concluir que a pesar de esa exigencia inalienable e
irrenunciable que tiene el hombre,
no es la educabilidad
otorgada por los
estados, ni una concesión graciosa, es un derecho existente, que reconociéndolo
en cada ciudadano, tiene la obligación el Estado de ofrecer opciones y modos de
hacerla real y efectiva a todos por igual. De ahí que sea la educabilidad
necesariamente igual a todos, porque sin ella el hombre estaría privado de las
posibilidades de autorrealización, de personalización y de socialización.
El ser humano es educable por su posibilidad autoconsciente. Esto
significaría que el predicado de la conciencia es la manifestación más genuina de
la educación, porque mueve el espíritu de actuar y operar, lo que a la vez son
características del proceso educativo. A la par, es necesario que en ellos fluyan
los actos emocionales, que ya no son los pensamientos, sino lo afectivo, lo que los
hará “mover y desear” ser diferentes. Si los sujetos en estudio no son capaces de
adueñarse de estas capas de su ser, cualquier docente verá amenazada su labor
de ayuda en ellos. En igual reflexión: si los docentes para el caso que nos ocupa,
no son capaces de aflorar en la gente de la calle alguna proyección de futuro
como una realización de su libertad, lo que significa “verse más allá de hoy”, igual
tendrán amenazada su labor.
Por otra, si a los sujetos de la calle se les añadieran el aprecio, la
preferencia, el gusto, el agrado o el interés en la vida, y el respeto, bien pudiera
suceder en ellos la conversión de sus valores. La persona es indiferente en tanto
89

no haya descubierto una estima o preferencia en el objeto que se le presenta, en
este caso, la educación, o ante el sujeto el cual lo va a acompañar en el proceso,
si ambas resultan positivas para él, despertará una actitud apreciativa y lo tomará
como bien y valor.
En el caso de los docentes de calle, ese encuentro con el otro -que a la vez
es consigo mismo-, el aprender y saber respetar, y admirarle, el sentimiento de la
cooperación, la preparación vivenciada para el entendimiento de los modos de
vida sin fronteras o prejuicios y el uso de los mismos grupos como medio
educativo, son expresiones inéditas en el proceso educativo que bien vale la pena
ensayar como medio de inserción social.
Por otro, la pedagogía es una construcción de la modernidad, y su
conceptualización en principio tiene que ver con las problemáticas que se suceden
en las instituciones escolares, que hace referencia a la introducción de las nuevas
generaciones en un proyecto de sociedad que necesariamente toca con las
transformaciones de la cultura, sentires y pareceres derivadas del saber común y
cotidiano.
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            Aminta Aquino
  e-mail: amintaaquino@yahoo.com
e-mail: phdaminta_aquino@yahoo.com
   e-mail: prof.a.aquino@gmail.com
1978: Licenciada en Educación Menciones Orientación y Administración
Educacional (UC). 1983: Abogada (UC). 1990: Especialista Psicología Cognitiva
(UCAB), 1993: Magister en Derecho Tributario (USM). 1998: Especialista en
Derecho Tributario (USM). 2012: Doctora en Ciencias de la Educación (UFT.)
Cursante Postdoctoral. Agenda de Investigación: La Epistemología desde su
praxis y producción. (UFT). Línea de Investigación: Gerencia Educativa y
Liderazgo: Transformación universitaria, integración, inclusión social y educativa.
1999: Primer Lugar Concurso Mérito y Credenciales Legislatura Regional.
2008: Reconocimiento Bodas de Plata Profesionales Colegio
Abogados de
Carabobo. 2007: Reconocimiento por Docencia en Postgrado (UPEL). 2006:
Condecoración Orden Cristóbal Mendoza Colegio de Abogados de Carabobo.
2005: Reconocimiento Ateneo del Municipio Naguanagua, 2003; Oradora de
Orden en Ocasión del Día del Maestro, Valencia. 2002: Oradora de Orden V
Aniversario Ateneo del Municipio Naguanagua. 2001: Oradora de Orden X
Aniversario Autonomía Municipio Naguanagua, Plaza
Bolívar de Naguanagua.
2000: Diplomas otorgados por el Centro de Orientación, Asesoría y Capacitación
Municipio Bejuma, Empresas Familiares y Pequeña Escala, y Capacitación de
Micro Empresas. 1995: Botón Ciudad de Valencia, Alcaldía del Municipio Valencia.
1990: Reconocimiento 25 Años de Docencia Ciclo Básico Nagunagua, Carabobo.
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