LA CIUDAD COMO
ESCENARIO DE INTERACCIÓN SOCIAL
UN ESTUDIO DE LA TRASHUMANCIA URBANA EN LOS ESPACIOS
PÚBLICOS DE
LAS GRANDES CIUDADES
Autora: Aminta
Aquino
Universidad
Fermín Toro
amintaaquino@yahoo.com
phdaminta_aquino@yahoo.com
prof.a.aquino@gmail.com
Carabobo,
Venezuela
RESUMEN
El espacio
abierto y las gentes que trascurre en él es el motivo ontológico
para desarrollar este artículo devenido de avance de
investigación, siendo su
propósito final el de generar una aproximación
teórica-crítica acerca del fenómeno
callejero y las representaciones sociales en su vida
cotidiana, El paradigma del
método cualitativo y la modalidad etnográfica convienen para
razonar en cuanto
el funcionamiento y la asignación de significados de la vida
y acción social de los
sujetos de la investigación, por lo que se escoge a Córdova
(1990) y Martínez
(1991) como referentes teóricos. La argumentación atiende al
reconocimiento
sobre las personas rezagadas y permite conocer e interpretar
el fenómeno social
de la exclusión y su contraparte la inclusión desde la
óptica viabilizada por otras
salidas. Se sostiene teóricamente en Aristóteles (1990),
porque explica las
características deseables de las ciudades y la conducta de
sus habitantes; al igual
que Seijas (2004); Alayón (1999), Heidegger (1982), para
entender las nostalgias
en las ciudades actuales, pero a la vez las eventualidades
de los grupos y sus
variadas obligaciones de enrevesados acatamientos; en
Moscovici (1981, 1986),
Ibañez (1988), Jodelet (1988), Villasante (2006) y Perera
(2005), para entender-
interpretar las representaciones sociales y significados de
esos modos de vida
callejeros. Rousseau (1990) y Fermoso (1982) para lo
educativo.
Palabras claves:
Espacio Abierto, Interacción
representaciones sociales, trashumancia urbana.
e
inserción
social,
Fecha de Recepción: 18-07-2013
Aceptación:
14-08-2013
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THE CITY AS SCENE OF SOCIAL
INTERACTION
A STUDY ABOUT
THE URBAN TRASHUMAN IN THE SPACES PUBLIC OF
THE GREAT CITIES
ABSTRAC
The open space and the people who
trascurre in him is the ontologic reason
to develop
this happened article of investigation advance, being their final intention
the one to
generate an approach theoretical-critic about the street phenomenon
and the
social representations in their daily life, the paradigm of the qualitative
method and
the ethnographic modality agree to reason as soon as the operation
and the
allocation of meaning of the life and social action of the subjects of the
investigation,
reason why it chooses to Cordova (1990) and Martinez (1991) like
referring
theoreticians. The argumentation takes care of the recognition on the left
behind
people and allows to know and to interpret the social phenomenon of the
exclusion
and his contraparte the inclusion from the optics viabilizada by other
exits. It is
maintained theoretically in Aristotle (1990), because it explains the
desirable
characteristics of the cities and the conduct of its inhabitants; like Seijas
(2004);
Alayón (1999), Heidegger (1982), to understand nostalgia in the present
cities, but
simultaneously the eventualities of the groups and his varied obligations
of
complicated observances; in Moscovici (1981, 1986), Ibañez (1988), Jodelet
(1988),
Villasante (2006) and Perera (2005), understand-to interpret the social
representations
and meaning of those street ways of life. Rousseau (1990) and
Fermoso
(1982) for the educative thing.
Keywords: Opened space, Interaction and
social insertion, social
representations,
urban trashumancia.
Date
Received: 18-07-2013
Acceptance: 14-08-2013
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INTRODUCCIÓN
El entorno en general que observa situaciones de agobio
social, incluso,
los investigadores mismos, les invaden con frecuencia la
tentación de creer que
ellos pueden descifrar, analizar y comprender los modos de
vivir de los demás,
obviando, desde luego, toda la rica y diversa experiencia
que previamente han
acumulado los actores callejeros y que, en cierta manera,
también los convierten
en “expertos” para conceptualizar
lo vivido. Sin embargo, investigadores y
profanos lanzan a priori opiniones frente a consideraciones
que sólo han visto,
olvidando que la vida supera todo aquello formulado por los
demás.
Por tales razones, el pesquisaje de la información de
primera mano tiene sentido,
siendo ésta la función esencial en los investigadores,
porque, sin tal perspicacia,
todo estudio será superfluo; así entonces, la disertación de
lo investigado para
que cuente con un grado de formalidad académica, debe
sostenerse con los
criterios de los conceptos de los estudiosos del tema, para
con éstos realizar un
trasiego hermenéutico de eso observado y así darle
fundamentación cultosa;
trasiego a la vez doble, porque hay que buscarlo además en
el significado que los
individuos y grupos le asignan a sus vidas en estos espacios
libres, en
consideración a que las representaciones sociales no son
meros espejos mentales
del mundo exterior. El campo invisible de las
representaciones sociales no es una
operatividad empírica para el investigador por más “clara”
que parezca.
Lo que está sucediendo en la calle es un mundo de relaciones
y conflictos no
suficientemente develado en las investigaciones acometidas.
Una serie de
proyectos relacionados con la integración han fracasado o
han sido de escasa
eficacia, pues en su fundamento han obviado las diferencias
socioculturales de los
grupos humanos, más con las características e intención con
que se estudian los
nuestros.
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Del mismo modo, la escuela formal y sus profesionales no han
considerados las diferencias antes señaladas, porque
trabajan sobre la
uniformidad en las aulas y planes curriculares, y todo lo
que se desarrolla en ellas
parece indicar que no hay o habrá en el futuro inmediato,
una variante que
satisfaga esa crecida diversidad cultural para que de alguna
forma, quienes
ingresen al sistema, se sientan a gusto y no salgan hasta
cumplir con los planes
de educarse, y obtener un ejercicio permanente de ciudadanía
a la vez que oficio
o profesión.
Una de las razones de tal práctica y creencia se debe a que
se ha
caracterizado el hecho educativo bajo métodos similares a
los aplicados en las
ciencias naturales, y si bien se han asomado estudios
cualitativos en educación,
los cuales se orientan a comprender lo que ocurre en la
práctica pedagógica,
éstos no han sido suficientes, puesto que es evidente el
olvido de categorías
subyacentes en esa realidad educativa.
En razón de lo expuesto, se presenta este artículo el cual
es un avance
devenido de investigación de corte cualitativo en la
modalidad etnográfica,
orientado a la indagación de las representaciones sociales
en el ámbito geográfico
del estado Carabobo; se propone como objetivo el de generar
una aproximación
teórica fundamentada en la idea fuerza de la comprensión y
análisis de conductas
callejeras, el sentir y el querer de estos habitantes en su
mayoría rechazados y sin
asiento fijo, y con ello, alternativas posibles para la
transición social-educativa de
los actores observados.
Fundamentalmente se espera dar cobertura al espacio
intelectual creativo
en la vida pública desde una visión crítica, para lo cual es
necesario intentar y
comprender las condiciones de extrema vulnerabilidad de
hombres, mujeres,
adolescentes y hasta niños, quienes hacen todo lo posible
para subsistir, a pesar
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de las incertidumbres, angustias y situaciones desiguales
que se presentan en los
espacios públicos de las grandes ciudades de la civilización
occidental.
Las grandes ciudades tienden a caracterizarse por la
presencia de seres
que viven en relaciones sociales estancadas, involucionadas,
con una pequeña o
casi nula socialización y movilidad. Por otra, personas que
han hecho presencia
histórica y progresista, con reconocida figuración social
por tanto. Ante la
desigualdad vivida, quedan los primeros en el interior de un
continuo que los hace
vivir entre lo legal y lo ilegal, con formas complejas de
interacción e interpretación
teórica particulares, como lo señala Córdova (1990).
El estudio busca una visión de conjunto sobre hechos
cruciales y puntuales
que hoy en día se vive en las grandes ciudades donde se
observan crecimientos
económicos importantes, lo que conlleva al llamado y
permanencia de grupos de
personas
que se ubican en sitios, los cuales siempre se han
considerado
los espacios públicos, donde se van formando
pertenecientes a todos como son
aumentativamente miembros que lucen diferentes al resto de
la sociedad urbana
y a la vez sin posibilidades de educación.
Desde la perspectiva planteada, surge la intención de contribuir
a la
reflexión sobre la condición del espacio urbano con los
actores sociales
señalados, poniendo énfasis en los procesos sociales,
culturales y de
simbolización, que son parte esencial de la vida social. Esa
inmensa trama entre
habitantes
singularizados,
bien
puede
apreciarse
mediante
estrategias
metodológicas no convencionales para abordar fenómenos y
acciones educativas,
de manera que por su intermedio se logre la inclusión social
hasta ahora no
resuelta, y más en estos casos donde se observa un celoso
resguardo hacia sus
modos de vida los cuales consideran muy suyos.
El
acento
en
la
vivencia
experienciada
requiere
un
enfoque
etnometodológico, para desde ahí tejer las claves
interpretativas de las
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concepciones relacionadas con las emociones, sentimientos,
tomas de decisiones
y, en particular, a esos espacios, al trabajo y recreación,
a su educabilidad y
posible educación; por otra, este campo de indagación, rico
en vivencias y
complejo en su constitución, puede aportar perspectivas
emergentes en el campo
educativo-social para asignar algún sentido a la convivencia
social en el país.
Es entonces la investigación, y por tanto este artículo,
vinculado al paradigma
interpretativo vivencial, sostenido por los estudiosos de la
fenomenología, la
hermenéutica fenomenológica y la antropología social,
orientados al plano de la
educación como ámbito disciplinar de intervención.
Para su mayor comprensión, se presenta Teorías y Conceptos,
conformado
por las representaciones sociales y grandes ciudades desde
lo onto-
epistemológico, que narra la interconectividad que tienen
ambos para la
conformación de lo comunitario y lo social; Ciudad y Hombre,
el cual busca la
interacción de esos dos elementos necesarios para acceder a
la civilidad;
Trashumancia Urbana e Interacción Académica, donde se
muestra la ciudad como
testimonio y desde ahí explicar e interpretar la movilidad
de grupos disidentes, lo
que se ha reflexionado desde los teóricos para darle
visiones hermenéuticas;
Metodología implementada en la investigación, las
Conclusiones y Reflexiones
desde una visión crítica, y las Referencias teóricas que
sostienen este trabajo de
investigación y ahora artículo.
TEORÍAS Y CONCEPTOS
Representaciones sociales y grandes ciudades
En la civilización occidental, el ciudadano común que
transita por las zonas
urbanas en sus espacios públicos, plazas, calles, y centros
comerciales, observa
la presencia de personas, antes sólo adultos, ahora con la
adición de niños y
adolescentes, que muestran un perfil social interesante:
tienen, como grupo o
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como individualidad, diferentes maneras de percibir la
realidad desde el espacio
público urbano, de acuerdo a la necesidad o al derecho que
cada quien cree
tener como poseedor de tal espacio.
Lo que se observa luce complejo por el hecho de que ya no es
esporádico
o cíclico esta aparición, no es el fenómeno una novedad,
sino que se presenta
lleno de aparentes rituales, provocando que muchos confundan
estas formas de
vida con un desvarío delincuencial, bohémico y hasta
consumista, para lo cual
creen que el remedio es la represión policial. Todo esto
relieva la situación de un
sector de la población quienes con alarma se perciben
mutuamente, pero que sin
embargo, se remiten mensajes contradictorios a los intereses
que cada uno cree
tener.
Pero el caso visto en esta franja es que no se patentiza el
desborde de
energías o violencias, son, por el contrario, seres
silentes, conformes, y
aparentemente, sin esperanzas y oportunidades de entrar en
el gran concierto de
sus bienaventurados
semejantes, por la escasa posibilidad de dinamismos e
historicidad, aunque con una patente ausencia del concepto
de opinión pública.
La conformidad de estos moradores aparece como expresión de
negociación frente a la distribución asimétrica del poder;
por ello, en ocasiones se
defienden con la desidia y el silencio frente a las ofertas
de quienes ven que no
corresponden a sus intereses, manteniendo así sus hábitos y
sentimientos en
forma clandestina, estructura organizativa sui géneris
difícil de comprender y más
de penetrar, contraponiendo derechos consuetudinarios contra
los sistemas
jurídicos establecidos.
Kelman (1961) llama a la descrita conducta “conformidad
simulada”, la cual
consiste en la aceptación pública de un comportamiento o
sistemas de valores sin
apegarse a ellos en forma suya, privada, lo es sólo en
apariencia; así entonces,
los pobladores de la calle se someten a algunos dictámenes
sociales a fin de
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evitar perjuicios, como es el caso de apartarse
“momentáneamente” de ciertos
sitios cuando es conminado a ello, para luego volver en una
especie de burla
necesaria, dando con ello algún “descanso” al resto de los
pobladores normados.
Estos habitantes particulares son también estereotipos por
su forma de
representación colectiva, en tanto que aparecen como copia o
copias idénticas de
una representación, porque, además, cuentan con un conjunto
de atributos de un
hecho social u objeto que se convierte a la vez en una
categoría, desde la cual se
reúnen e identifican grupos albergados bajo esa misma
cualidad.
La Representación Social, particularmente la habida en los
grandes centros
poblados, sirve como escenario onto-teórico, porque a partir
de ella se pueden
explicar cambios, hábitos, conductas, acciones y hasta
sentimientos que pueden
trastocar, en este caso de la investigación, la relación de
los sujetos actores en su
vida cotidiana, cómo éstos actúan para permanecer en esos
espacios escogidos
como morada indispensable, pero a la vez, rechazada por los
demás habitantes.
Moscovici explica que “si bien es fácil captar la realidad
de las
representaciones sociales, no es nada fácil captar el
concepto”. (En Ibánez, 1988,
p. 32).
Y es que la representación social es un acto controvertido
en el campo de
las
investigaciones
sociales.
Comúnmente
se
relaciona
el
grupo
o
individualidades, con un objeto determinado. Representar
entonces, tanto en el
sentido estricto de la palabra y del caso de estudio, es
volver a presentar o re-
producir
un
objeto
cualquiera
mediante
un
mecanismo
alegórico.
La
representación es subjetiva en última instancia, porque se
tiene el contenido
concreto de un acto de pensamiento que restituye
simbólicamente algo ausente,
que aproxima lo lejano que no se tiene o carece. La
particularidad que en alguna
forma garantiza la representación, es su aptitud para
fusionar percepto y concepto
y su carácter de imagen.
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Las representaciones sociales, en sentido conceptual, son
mecanismos
explicativos que se refieren a una clase general de
creencias o bagaje cultural de
una sociedad o grupo comunitario. En ellas se materializan
las representaciones
individuales que no son sino la expresión particularizada y
adaptada a las
características de cada grupo concreto, como así o explica
Ibañez, (1988).
En todo caso, la representación siempre cuenta con un
significado asociado
que le es inherente. Es una construcción compleja con peso
importante,
poseedora de un objeto propio, de carácter activo y creador
de los individuos o
grupos que moran en las ciudades, y objeto ontológico de
esta investigación, los
cuales indefectiblemente van acompañados de sus creencias y
contriciones; pero
también sus habilidades para mantenerse en tal
re-producción.
Para entender mejor la teoría señalada, se acude a Jodelet,
(1988), quien
explica que es la forma mediante la cual un conglomerado se
organiza y activa.
Para este autor, es una manera de conocimiento social, un
“saber del sentido
común”, lo cual termina por constituir un pensamiento
práctico orientado a la
comunicación, la adaptación o dominio del
entorno. Estas representaciones
permiten luego interpretar, dar sentido a lo no planificado
o esperado, incluso,
clasificar lo que
va
de
improviso
aconteciendo
permitiendo
actuar en
consecuencia; es, en síntesis, la organización de la
realidad concreta constituida a
partir de las experiencias y trayectoria de la vida. Jodelet
la expresa como un
conocimiento espontáneo, ingenuo, intuitivo, que se asemeja
al llamado sentido
común, distinto por supuesto a lo que se conoce como
conocimiento científico o
planificación racional, el cual, como se sabe, es organizado
y predecible.
Pero una representación social no es la exposición o
reproducción pasiva
de un conglomerado en particular, en ella también participa
el imaginario social o
colectivo. Visto así, los “demás” también se convierten en
Representaciones
Sociales, porque ayudan con su escritura mental a darle significado
a eso que
66
aparece cotidianamente; se observa una especie de “juego de
espejos”, donde
los sujetos habitantes de la gran ciudad se envían
mutuamente elementos de
conocimiento, posiblemente sin proponérselos, respondiendo a
la movilización de
representaciones sociales, en donde
subyace alguna teoría explicativa de los
significados de ese conjunto el cual se observa como dispar,
siendo los sistemas
de explicaciones y teorías científicas que facilitan estas
representaciones,
causantes de debates por los enfrentamientos y
desestabilización social, en el
afán de subsistir unos y el de mantener su poderío los otros
en ese juego de
reflejos.
En razón a ello, a la representación vista se le tribuyen
signos, códigos,
símbolos, distintivos incluso míticos, que los hace
finalmente caracterizarse y
formar grupos distintos o al menos
humano.
A la vez, los hechos sociales no difieren sólo en calidad,
poseen otros
sustratos, no evolucionan en el mismo medio ni dependen de
las mismas
condiciones. Esto no significa que sean “hechos psíquicos”
de alguna manera, ya
que todos consisten en formas de pensar o actuar. Los
estados de la conciencia
colectiva “son de naturaleza distinta a los estados de
conciencia individual, son
representaciones de otro tipo: tienen leyes propias”
(Durkheim, 1895, citado por
Perera, 2005, p. 28).
La realidad social obliga a plantear constantes
cuestionamientos al Estado y
a los investigadores de ese campo, cualquier estudio que se
haga sobre el
particular debe estar claro y bien informado de lo que
“realmente” pasa en ese
medio y sus moradores, porque, de acuerdo a Villasante,
(2006):
En las ciencias sociales frecuentemente nos encontramos con
objetos de estudios rebeldes, con sujetos que por sí mismos
se
constituyen en movimientos sociales o con movilizaciones que
se
constituyen en sujetos. Y no sólo cuestionan o critican las
técnicas
desiguales en ese gran conglomerado
67
que los analizan, sino que además practican sus propios
experimentos de prueba y error (p. 400).
Para Ibáñez (1988) las representaciones sociales son
producciones
sociales que trascienden a los individuos, formando luego
parte del bagaje cultural
de una sociedad, porque son sus expresiones particularizadas
y adaptadas a las
características de cada individuo en concreto, aunque vivan
en conglomerados
humanos extensos.
El paradigma de Representaciones Sociales comienza a
delinearse con
Moscovici quien populariza el término desde la teoría
psicoanalítica. Sin embargo,
ya venía trabajando en este concepto viéndolas como las
creencias compartidas
por un gran número de personas en el seno de un grupo o de
una cultura. Jodelet
la define como… “variados niveles de complejidad,
individuales, y colectivos,
psicológicos y sociales. Y además, una nueva unidad de
enfoque, fecunda para la
psicología social, prometedora para las otras ciencias
sociales”. (En Moscovici,
1986, p. 469).
Para Jodelet, las representaciones sociales se presentan:
…bajo formas variadas más o menos complejas. Imágenes que
condensan un conjunto de significados; sistemas de
referencia que
nos permiten interpretar lo que nos sucede, e incluso, dar
un
sentido a lo inesperado, categorías que sirven para clasificar
las
circunstancias, los fenómenos y a los individuos con quienes
tenemos algo que ver; teorías que permiten establecer hechos
sobre ellos. Y a menudo, cuando se les comprende dentro de
la
realidad concreta de nuestra vida social, las representaciones
sociales son todo ello junto. (En Moscovici, 1986, p. 472).
Visto así, las Representaciones Sociales son formas de
conocimiento social
devenidas de la actividad mental desplegada por los
individuos y los grupos
cuando estos tratan de fijar posiciones en relación a
acontecimientos, objetos y
comunicaciones relacionados con ellos, para lo cual
requieren de un contexto
68
concreto donde se sitúen comunicaciones entre ellos, algún
marco cultural que los
una, códigos, valores e ideologías relacionados con las
jerarquías o posiciones y,
pertenencias sociales específicas que los hagan sentir con
alguna jefatura sobre el
terreno y sobre los demás.
De acuerdo a la psicología ingenua, la gente tiene un
conocimiento de su
entorno a través de la percepción y de los sucesos que
ocurren en él: logran este
conocimiento mediante la percepción y otros procesos, se ven
afectados por su
ambiente personal e impersonal, permanecen en relación de
unidad con otras
entidades, y son responsables de acuerdo a ciertas normas.
Todas esas
características determinan el papel que la otra persona
juega en nuestro espacio
vital y cómo reaccionamos ante ellas. (Heider, 1958; citado
por Perera, 2005).
Jodelet (1988) observa que los contextos sociales
pueden influir en los
comportamientos, en los procesos individuales de las
personas, y acciones que
los grupos sociales realizan para construir su propia
realidad.
La tendencia que se ha venido empleando para explicar el
comportamiento
de los demás, incluso, en los investigadores sociales, es a
través de
las
características estables de éstos, de una tonalidad sin
alteración significativa que
permita “igualarlos”.
Al respecto Paicheler se pregunta:
¿Acaso el objeto de la psicología es investigar las reglas
de
funcionamiento de esta psicología lógica, lamentar sus
desviaciones de la lógica formal que debería ser la de un
individuo
racional? ¿No debe ser más bien estudiar y comprender la
eficacia
de “otras lógicas” (En Moscovici, 1986, p. 399).
Y es que, comenta Paicheler, el sujeto pueda que no conozcan
la teoría
para entender algún proceso, sin embargo, sí la utiliza y
son utilizados por ella.
“…si bien son capaces de enunciar sus efectos, su lógica no
les resulta
69
evidente…el sujeto no puede vislumbrar la lógica que subyace
bajo su impresión”
(Paicheler en Moscovici, 1986, p. 400).
Lo anterior explica cómo el universo cognitivo de los
sujetos de la calle en
estudio, se opone al rasgo conservador y “lógico” de los
demás, no por falta de
acuerdos, sino, por el rechazo per se de las normas
sociales, las cuales, como es
de suponerse, no fueron confeccionadas por ellos.
No obstante, si se analizara con mayor profundidad el punto
expuesto por
Paicheler, encontraríamos que los errores de juicio no son
solo prerrogativas del
grupo de las personas en estudio, porque los juicios que
hacemos sobre los
demás
y sobre nosotros mismos, pueden resultar erróneos, y en
ocasiones,
frecuentes, sin sentido.
Moscovici
(1981)
explica
que
es
más
pertinente
estudiar
las
Representaciones Sociales como una constante interacción
entre individuo y el
grupo, con el sistema social
y el medio ambiente. Esta concepción dinámica
permite entender la desadaptación como un accidente en la
organización social,
en tanto “…individuos y grupos intentan crecer, es decir,
buscan y tienden a variar
su condición y transformarse a sí mismos” (p. 28).
El esquema que aquí se expone
para planear las Representaciones
Sociales, abre un campo de conocimiento para ampliar las discusiones
entre lo
individual y colectivo, las ideas, lo real y lo simbólico,
todo lo cual ha sido polémica
en las ciencias sociales.
Es el caso de diagnósticos y aplicaciones de soluciones
sobre otros sin que
se les hayan solicitado opiniones sobre ese
particular, lo que evidentemente
resultará a la postre inoficioso y sin sentido, porque la
realidad objetiva no calza
con la “realidad subjetiva” de los propios personajes, por
consiguiente, los juicios
sociales que califican de imperfecto un comportamiento
humano realizados por las
personas y acatadas por las instituciones privadas y hasta
gubernamentales sin
70
saber los procesos que viven los estudiados,
sin este conocimiento, se repite,
puede ser un error de apreciación. En este sentido,
Moscovici (1981) apunta lo
expresado por Fauconnet:
Las gentes temidas por su brutalidad son las primeras
sospechosas de un crimen violento; las personas
despreciadas, de
una vileza, las personas que provocan repugnancia, de un
acto
inmundo. Las personas “mal vistas” son acusadas y condenadas
mediante indicios que se considerarían insuficientes, si una
prevención favorable no las emparentara de antemano al
crimen.
Por el contrario, si concedemos nuestra benevolencia al
acusado,
exigimos pruebas irrefutables para imputarle la materialidad
del
crimen. (En Moscovici, 1981, 419).
Así entonces, la apreciación que pudiera darse sobre las
condiciones
sociales y las apariencias
de sus actores, no es una cuestión sencilla; sin
embargo, estas explicaciones suceden con mucha frecuencia;
cada día los
investigadores sociales, y otros no tanto, hacen juicios de
este tipo, cayendo más
bien en teorías de atribución, provocando realidades de
descalificaciones y
exclusiones en los escenarios de las grandes ciudades.
Las relaciones sociales que se dan entre los seres humanos
se han
caracterizado a través de los tiempos por los variados
desacuerdos que se
suscitan entre éstos. En ellos se pueden apreciar los
históricos rechazos,
aceptación, estima, hostilidad, cuando no comportamientos en
los que cada quien
pretende imponer los suyos como valor o poder. Y es que la
vida cotidiana puede
ser interpretada desde lo que sucede todos los días, del
actuar diario, pero
también desde la vivencia interior de cada quien.
Si comparáramos la objetividad del planteamiento primero,
encontraríamos
a un hombre materializado, sociable, adaptado a las normas
que esa sociedad
impone, en fin, un sujeto histórico que conforma su mundo
inmediato de acuerdo a
lo que le ofrece la civilidad y el mercado; aprenderán la
importancia de las
71
instituciones, de la producción, la comunicación, la
gratitud, los afectos y saberes,
habida razón de que posee las competencias necesarias para
dominar ese
ambiente; quien carezca de la asistencia de la educación, no
podrá distinguir lo
falso de la verdad, de esa verdad entendida como escogencia
menos calamitosa
de modos de vida, preferirán la dispersión y el dogmatismo
por la carencia de un
norte en sus acciones. Heller (1996).
Ciudad y hombre
La importancia de la ciudad y los hombres en ella es tema
antiguo.
Aristóteles, en el Libro Primero de Política semejaba ciudad
con comunidad, la
cual se constituye en vista de algún bien. No concibe por
tanto la separación de
comunidades humanas y la obtención del bien mutuo. Plantea
Aristóteles (1990)
que la ciudad, al llegar a asociar los municipios y bastarse
a sí mismo, es un fin, y
por tanto, lo mejor; al respecto expresa:
...resulta manifiesto que la ciudad es una de las cosas que
existe
por naturaleza, y que el hombre es por naturaleza un animal
político; y resulta también que quien por naturaleza y no
por casos
de fortuna carece de ciudad, está por debajo o por encima de
lo
que es el hombre. Es como aquél a quien Homero reprochaba
ser
sin clan, sin ley, sin hogar (p. 191).
En igual Libro explica que la ciudad es anterior al
individuo, y si alguien por
ser suficiente no la necesitare, no sería más parte de la
ciudad, sino, una bestia
o un dios. Así lo decía:
Pero si los hombres se empeñaran en el proceso de extrema
unidad de la ciudad, se convertirá en ciudad de familia y
luego de
familia en hombre, de la familia se puede predicar la unidad
más
que de la ciudad y del individuo, y aunque alguien pudiera
llevarlo a
cabo, no debería hacerlo, pues con ello deshumaniza la
ciudad (p.
210).
72
Se infierenfiere de lo expresado por Aristóteles, que las
ciudades no son
perfectas y sus habitantes iguales o con condiciones
parecidas; es imposible
pensar la conformación de ellas con elementos homogéneos o
unificados, esta
realidad más bien las desvirtuarían. No corresponde a las
ciudades alcanzar la
unidad que algunos pretenden, si se lograra, se destruiría
la ciudad, que es un
bien mayor.
En el Libro Tercero de igual autor, plantea que la actividad
del político y del
legislador tiene por objeto la ciudad: ésta es una colección
de ciudadanos, pero,
¿quién es un buen ciudadano? Aristóteles lo formula al decir
que será “…aquél
que no pueda imputarse ninguna deficiencia que debe ser
corregida por una
calificación ulterior” (p. 238), ciudadano será luego quien
tenga participación en los
distintos poderes cuando se trate de gobiernos democráticos.
Si no tuviera el
hombre existencia política, si no participara de los
beneficios comunes, no sería
por tanto ciudadano, es pues tal, quien tiene derecho a
intervenir en los poderes
deliberativos; y ciudad,
“…al cuerpo de ciudadanos capaces de llevar una
existencia suficiente. (Aristóteles, 1990, p. 239).
Algunos esperan que las ciudades se compongan en su
totalidad de
ciudadanos virtuosos, buenos y justos, esto sería desde
luego la ciudad perfecta,
casi utópica; pero está visto que la ciudad se conforma por
elementos distintos,
porque los mismos hombres tienen conceptos diferentes acerca
de lo que debe
entenderse por virtud, justicia o bondad o por otros
adjetivos que se espera los
distingan.
Para Aristóteles, el fin de la ciudad es la vida mejor, es
la comunidad de
familias para una vida perfecta y autosuficiente, para una
vida bella y feliz. El
bien de la ciudad es la justicia, que es el bienestar
público, siendo la educación y
la virtud las que podrían hacer valer las pretensiones más
justas. Pero ni siquiera
el habitante de mayor equipamiento intelectual esperaría esa
quimera, porque el
73
hombre tiene la libertad de elegir, aún sobre tan altos
ideales
especial espacio y vida personal.
configura
su
Las virtudes señaladas por Aristóteles obligan a opinar que
los
trashumantes de las zonas urbanas, y quienes nos venimos
refiriendo en esta
investigación como sujetos de estudio, están en una
situación sub júrice, toda
vez que se colocan fuera de la normativa social, en un mundo
aparte donde
impera la anarquía y la marginalidad extrema, situación que
además de ser un
problema social, también lo es de Estado, ya que a éste no
le conviene perder
los controles de una parte de los habitantes del país. Lo
observado es que
quienes han tomado las calles y espacios públicos por
asalto, se gobiernan y
conducen por reglas y leyes propias y hasta perjudiciales
para ellos mismos. Es
inadmisible
en
un Estado moderno
la pérdida de ese dominio social a tal
extremo por parte de habitantes del país.
A lo largo de la evolución y desarrollo de los centros
poblados se han
verificado
crisis,
cambios
y transformaciones
que
van
indefectiblemente
conectados a la vida humana, hasta llegar a la configuración
de lo que es y
representa la ciudad actual. Esta trayectoria se inicia
desde la precariedad del
campamento, aldea o rancho, donde encontraba
el hombre y sus familias
protección ante las fuerzas y ciclos de la naturaleza, lo
que implica la eterna
necesidad de supervivencia.
Por ello, expresa Seijas (2004), que hablar de la ciudad es
hablar del
hombre en cada uno de sus tiempos y sus espacios, pero en
todos le ha servido
como escenario de una realidad social que en ocasiones se
cumple en ella el
proceso dialéctico
respecto
a la acumulación de poder económico, militar o
político que se aseguran unos pocos, mientras que otros
muchos acumulan el
empobrecimiento y la degradación. Entonces, ante los ojos de
todos, pero que
nadie ve, actúan esas fuerzas contradictorias en clara
orientación a sus
74
propósitos: tomar el espacio que le asegure mantenerse en
ella, verificándose con
tal acto una oposición entre un grupo o sector de la
población arraigada, y por
otra, una estimable parcela humana que no manifiesta signos
de pertenencia.
El hablar del tema del hábitat es plantear una necesidad
esencial del ser humano,
el cual indefectiblemente tiene que estar supeditado a un
territorio; si éste provoca
lazos de pertenencia hacia los sujetos habitantes, surgirá
una inmovilidad,
resultante de las raíces del hombre-territorio. Para Heidegger
(1982), la visión
nostálgica de las sociedades modernas es que precisamente se
habita sin arraigo;
los vínculos afectivos, esto es, su espacio emocional con el
territorio, se rompen,
causados por los variados motivos por los cuales se abandona
lo que se quiere y
se vive donde se encuentre el sustento, aunque con
resistencias tanto propias
como ajenas, caso de nuestros sujetos.
Sin embargo, hay que anotar en el tema de estudio que las
sociedades
modernas tienden a sustituir los conceptos de pertenencia
afectiva por otras de
tipo económica. Y en el caso de los sujetos de estudio y el
territorio, más que la
falta de pertenencia y enraizamiento afectivo, lo que
disgusta e inquieta por su
carga de desigualdad, son los fuertes tejidos de poder que
nacen y mantienen en
las grandes ciudades, poder vedados a estos actores en
referencia.
Por otra parte, es claro que los modelos urbanísticos traen
consigo una
serie de fórmulas burocráticas y normativas legales que en
ocasiones no están al
alcance de la comprensión de los desarraigados, así como las
satisfacciones de
pagos y contribuciones tributarias que se exigen en los
conglomerados urbanos,
manera de permanecer en ellos. En atención a ello, la
ciudad, que fue diseñada o
destinada para que en ella se protagonicen los eventos
mundiales, intercambios y
transacciones económicas del mercado, no podrá en
consecuencia el marginal o
desempleado rivalizar con esas fuerzas del mercado,
colocándose por tanto los
75
sujetos carentes como un subproducto medrando de ella, como
alguien quien
pueda alcanzar semejantes bondades.
Es el caso de miradas ubicadas en posiciones particulares
que habitan la
ciudad, quienes no están en condiciones de ordenar
cognitivamente sus estímulos
sensoriales, entonces, sus repertorios personales, sociales
y culturales los hace
volver más aun dispares en la dimensión comunitaria de la
gran ciudad, la cual
es percibida históricamente como objeto de consumo, como si
se tratara de una
mercancía, así, los “recién llegados”, es lógico que pierdan
su capacidad de
retribución y por tanto de aceptación en ese mundo de
rivalidades.
Contextualizando, se sigue insistiendo en que la sociedad es
un todo
unitario, dándole con ello una calificación romántica cuando
en verdad detrás de
ella se solapa una serie de intereses y realidades. Alayón
(1999) señala que la
misma no es homogénea en bondad,
mientras que algunos tendrán mejores
suertes. Está claro que todos no podrán “montarse en el
tren”, porque para ello se
requiere tener competencias económicas además que cognitivas
y sociales.
Como una significativa cantidad de personas están fuera del
mercado del
trabajo y la producción, se han encontrado en las calles
perdiendo toda privacidad.
La calle, con tales habitantes, es el sitio de realización
grupal, como lo señala
Alayón. Bajo esa modalidad se encuentra en Latinoamérica, y
en nuestro país
una serie de grupos, como lo son los niños de la calle. La
entrada a Puerto
Cabello está llena de sancocheros y vendedores ambulantes,
muchos espacios
urbanos son visitados frecuentemente por recoge latas,
cartoneros, buhoneros,
mendigantes, “recreadores urbanos”, entre otros sujetos
rutinarios y silentes.
Desde ahí tejen sus relaciones sociales donde construyen
nuevas formas
valóricas que se alejan de esa unidad societal nombrada
anteriormente.
En consecuencia, las calles de Latinoamérica y de las
principales ciudades
de Venezuela, en especial las zonas centrales de la gran
Caracas y Valencia, se
76
han convertido en territorio social donde se desarrollan
procesos de agrupamiento
desde los cuales los actores sociales perentoriamente buscan
acceder a los
bienes, y en el mejor de los casos, a la comida diaria.
Interesa saber en la investigación la búsqueda de
reconocimientos que
pueda haber, la diferenciación en los grupos, sus modelos
sociales, la
simbolización de su mundo inmediato, sin que ello comporte
una apología de
grupos delicuenciales o marginales.
Trashumancia urbana e interpretación académica
La
ciudad es
dato e interpretación para el tema escogido en la
investigación y ahora este artículo, porque conlleva a una
reflexión. Dato, porque
continuamente sabemos de ella, e interpretación, porque
desde ahí se desarrolla
una serie de experiencias y conocimientos los cuales son
producidos desde
aproximaciones metodológicas particulares, lo que ha
impuesto a esta
investigación la escogencia de estrategias de investigación
de corte etnográfico,
considerándose la entrevista a profundidad para saber de
las experiencias y
puntos de vista de algunos de sus habitantes, su papel en la
ubicación del grupo y
la ciudad misma y, específicamente, sus visiones del mundo
particular y social.
Frente a este desafío de abordar el tema, nuestra forma de
acercamiento
fue través del discurso de nuestros sujetos habitantes, de
sus propias vivencias en
ese espacio, los cuales intentamos reconstruir de acuerdo a
la interpretación a
través de la hermenéusis, apelándose a una modalidad de
conocimiento común
desde un sentir individual para ver las posibles formas como
éstos pudieran
insertarse en los contextos sociales y educativos.
Todo esto conduce a pensar que la ciudad es un entramado de
percepciones devenida de su escenario de
aceras, en fin, los sitios públicos,
recursos. Así, la plaza, la calle, las
son espacios de consumo, adquisición de
77
bienes materiales y monetarios, de entretenimiento, por lo
que se justifica su
apropiación de cualquier manera para su uso y permanencia.
Naturalmente, los
usuarios de la gran ciudad, sean “legítimos” o “intrusos”,
generan
razones,
relatos, interpretaciones, o identificaciones, tan
desconcertantes como desiguales.
Lo señalado se torna interesante en la medida en que se
busque dotar esos
problemas y dificultades urbanas que se abordan, de un
referente empírico que
permita entender su ubicación en temáticas conceptuales
capaces de ofrecer
mecanismos de análisis y entendimiento.
Es claro además que no se puede estudiar el problema de un
sector de la
ciudad sin estar en ella, lo contrario sería un trabajo
meramente descriptivo. La
permanencia con los referentes empíricos se hace
indispensable, porque con ellos
–y su entorno espacial- se observa el objeto de la investigación
y elabora los
procesos conceptuales para comprender. Desde esa
perspectiva, se conversa con
ellos sobre un conjunto de temas que tiene que ver sobre los
significados que le
atribuyen a su particular modo de vida y desde ahí, generar
una aproximación
teórica fundamentada en la idea fuerza de Educación de Calle
como espacio de
interpretación de la transición social para los habitantes
de los espacios públicos
urbanos venezolanos, objetivo general del estudio que aquí
se plantea.
A manera de fundamento en lo que acá se ha comentado, la
educación en
libertad comporta necesariamente que el proceso educativo se
realice en un clima
de respeto y tolerancia, de autonomía e independencia por
parte de los actores
intervinientes. En el caso de los sujetos de nuestro
estudio, la institución escolar
no podrá educarlos ni transformarlos, mas, cuando a las
claras están deprimidos
o manipulados por las tantas leyes públicas no asimiladas y
mucho menos
aceptadas, por la intolerancia además de los equipos
docentes, lo que los
convertirá, utilizando la más sencilla de las lógicas, en
intransigentes y tránsfugas
del sistema. Además, la libertad anarquizada con que se
manejan, los harían
78
sentir asfixiados sobre la cosmovisión de mundo que proyecta
la escuela por no
ser la misma vivida y hasta deseadas por ellos.
La investigación y ahora este artículo trata de ubicar,
hasta donde sea
posible, el tipo de educación y educabilidad que podría ser
aplicada a quienes
vienen manejando por un tiempo relativamente largo, el
concepto de Libertad,
patentizado en modos de vida anárquicos y sin sentido para
los demás
observadores y
convivientes de la gran ciudad. Para lograr
ese objetivo es
conveniente insistir en la búsqueda de teorías
que complementen la de
Rousseau, y con ellas, darle sustento teórico a una
educación de calle ejercitada
por docentes no convencionales.
En se sentido se recurre a Rousseau (1979-1990) en su
Pedagogía No
Directiva. De acuerdo a Fermoso (1982), la Antropología de
ésta se inspira en el
psicoanálisis freudiano, la psicoterapia de Rogers y el
psicoanálisis de Lacan.
Interesa el concepto que se tiene del hombre y su libertad,
quien se autorrealiza y
autoplanifica dentro de los límites impuestos por el grupo
sociopolítico en el que
desenvuelve su existencia, que en el caso de la gente sujeto
de nuestro estudio,
será su grupo societal: compañeros abandonados o de su misma
condición de
exclusión, quienes bien pueden ahora estar rehabilitados y
con disposición
anímica para prestar su ayuda.
El sentimiento de autonomía alienta a la pedagogía a que nos
venimos
refiriendo, siendo la meta del proceso educativo. La
autoridad social, dentro de los
grupos y comunidades, será un obstáculo para el armónico
desarrollo del hombre,
y ella –la autoridad-, debe ser contestada e impugnada,
conducta parecida a las
propugnadas por el filósofo anarquista, creador de la
Desobediencia Civil, Henry
Thoreau (1954), quien rechazaba todo poder capaz de someter
a los individuos.
Las personas que se identifican con el anterior modo de
pensar, hallan serios
obstáculos para autorealizarse en los tipos de sociedades
burguesas y
79
burocratizadas, porque, de alguna manera, chocan los
intereses de los adaptados
al sistema, y los parecidos a los sujetos de nuestra investigación.
En la escuela tradicional o convencional, se identifica
claramente el poder:
Hay una relación vertical entre los maestros y los
discípulos con claros signos de
sometimiento por los adultos, el grupo pasa desapercibido.
En la pedagogía no-
directiva no es el docente quien monopoliza el ambiente, los
alumnos usan la
palabra dentro del grupo, y cooperan con la educación de sus
iguales, a nuestro
modo de ver significativo, puesto que se plantea en esta
investigación que sea
llevado el proceso educativo a través de pares, quienes
podrían
lograr la
realización reflexiva para el cambio de los modos de vida de
la gente de la calle,
sujetos de nuestro estudio.
El hombre, en cuanto persona, es digno de respeto; el
conocimiento
humano es participación dialógica de quienes conocen el
mismo objeto, y en el
caso de nuestros sujetos, de quienes conocen los mismos
problemas. De ahí que
sigue confirmándose la validez de la participación de
docentes de calle,
conocedores vivientes de las penurias de sus pares, y
quienes estarán más lejos
de la manipulación, no imponiendo sus ideas, sino, que
pueden convertir al
proceso educativo y de inclusión en un proceso dialógico, de
comprensión, porque
además, son actos de amor, de fe y esperanza que ofrece el
docente voluntario de
la calle.
Y lo que se da importancia vital en la investigación que se
ha abordado: el
hombre necesita poder
decir su “palabra”, para lo que es indispensable ser
alfabetizado y asimilar la cultura de su ambiente. Pero esa
palabra también
significa expresar sus sentimientos, sus afectos, relatar
sus experiencias sacadas
de esa vida que posiblemente desee cambiar.
Igualmente, influye en la situación de calle y en la
esclavitud en general, la
visión que se tenga sobre el mundo, que en el caso de
nuestros sujetos de
80
estudios se recluye a la visión de un círculo reducido y con
lecturas limitadas
sobre él. La educación liberadora es cosmopolita e
internacional, incursiona en
ideologías ajenas, aprecia y padece las necesidades ajenas,
por lo que pudiera
entenderse como una educación para la generosidad.
Todo lo anteriormente afirmado es posible, porque es la
condición humana
del hombre lo que predica la cualidad de educable, por ello,
la categoría humana
de educabilidad ocupa lugar privilegiado y esencial en el
proceso educativo. A la
vez, expresa la posibilidad de que las personas adultas o
significativas, ayuden a
los seres humanos en desarrollo, a realizarse, o a
socializarse, esto es, a
educarse.
En el caso de los docentes, que llamamos de calle, con
disposiciones de
plasticidad y ductibilidad, porque poseen una patente
adaptabilidad, vivencia,
asimilación y acomodación al medio y a sus pares, en virtud
de los cuales bien
puede operarse nuevas estructuras espirituales, lo que les
permitirán a la gente de
la calle repesarse como individuos y como miembros de una
comunidad, esto es,
personalizarse y socializarse, aún en ese medio hostil que
es la calle.
De lo anterior se puede concluir que a pesar de esa
exigencia inalienable e
irrenunciable que tiene el hombre, no es la educabilidad
otorgada por los estados,
ni una concesión graciosa, es un derecho existente, que
reconociéndolo en cada
ciudadano, tiene la obligación el Estado de ofrecer opciones
y modos de hacerla
real y efectiva a todos por igual. De ahí que sea la
educabilidad necesariamente
igual a todos, porque sin ella el hombre estaría privado de
las posibilidades de
autorrealización, de personalización y de socialización.
Pero, reflexionemos sobre las afirmaciones y a la vez
características de
nuestros sujetos, a fin de encontrar en ellos la posibilidad
de educarse: El ser
humano es educable por su posibilidad autoconciente. Esto
significaría que el
predicado de la conciencia es la manifestación más genuina
de la educación
81
porque mueve el espíritu de actuar y operar, lo que a la vez
son características
del proceso educativo. A la par, es necesario que en ellos
fluyan los actos
emocionales, que ya no son los pensamientos, sino lo
afectivo, lo que los hará
“mover y desear” ser diferentes. Si los sujetos en estudio
no son capaces de
adueñarse de estas capas de su ser, cualquier docente verá
amenazado su labor
de ayuda en ellos.
METODOLOGÍA
El deslinde paradigmático lo ubica en los estudios de corte
postestructural,
o como lo señalara Lyotard, (1984), en la corriente
postmoderna, que se disocian
del pensamiento lineal newtoniano y asumen la posibilidad de
recorrer las
instancias comprensivas-intepretativas-aplicativas de los
contenidos discursivos
gestados en la interacción persona humana/sistema mundo. Es
entonces la
investigación vinculante al paradigma interpretativo
vivencial sostenido por los
estudiosos de la fenomenología, la hermenéutica
fenomenológica y la antropología
social, orientada al plano de la educación como ámbito
disciplinar de intervención.
Husserl (1982).
Lo manifestado por los actores permite la entrada a una
crítica social,
cultural, educativa y política que propongan cambios en
procura de solidaridad
hacia aquellas personas que muestran minusvalía social y
afectiva., pero que sin
embargo ocupan un espacio, un modo de vivir y ser, los
cuales pueden ser de
interés social su estudio y lo que
experienciado.
La investigación, en consecuencia, es asumida en la
disposición criterial
atinente a los estudios cualitativos ya que su intención es
la observación del
fenómeno tal cual como se manifiesta en la realidad,
garantizando así el espacio
de legitimación del discurso investigativo que se construye
como argumentación
interpretan sobre ese mundo callejero
82
teórica desde los “datos” propios de la información
capturada y procesada en la
indagación.
De acuerdo a Cerda (2002), la disposición cualitativa ofrece
la manera
idónea lo que se quiere estudiar, así, se puede conocer los
fenómenos sociales
de comunidades y grupos específicos para reconstruir la
cultura, analizarla e
interpretarla, y de esta manera, construir aproximaciones
que den respuestas a
una problemática, carencia o necesidad humana existente, y
en el caso que nos
ocupa, saber el significado que les asignan los actores
callejeros a sus
permanencias en los espacios abiertos, el impacto hacia los
demás que ello
significa, y los procesos de exclusión e integración social
como marginados
urbanos, independientemente de las causas que indujeron a
unos y otros para
asumir, o simplemente estar en esa situación de
trashumancia.
De acuerdo a tal propósito, se da
preponderancia en la observación
directa dentro de los contextos en que se realizan. Esto
supone dejar a un lado
las cuestiones relativas a la validez en otros métodos,
porque el fin es estudiar
cómo los sujetos actúan en la práctica cotidiana y las
concepciones que tienen
sobre ese mundo vivido; así entonces, la base metódica que
se aplica en este
estudio tiende un puente entre conocimiento y acción de los
sujetos, esto es, lo
empírico, entendiéndose por lo que hacen, sienten y viven
los actores callejeros y,
lo teórico o aspecto científico social, de manera que se
analicen, entiendan o
comprendan desde ahí.
Además, por pertenecer o ser miembros de un grupo los
sujetos que se
estudian, siguiendo a Taft en Arnal y otros (1994), éstos
son los hermenéutas
más adecuados para interpretar o dar información acerca de
esa vida grupal,
dadas las características que señala Arnal para indicar las
particularidades de una
investigación Etnometodológica. Las investigaciones que
llevan la característica
etnometodológica se enriquecen por las interpretaciones y
explicaciones de los
83
actores, por ser estos sujetos inseparables de la
decodificación de los símbolos
que manejan.
Tipo de investigación
El trabajo investigativo desde lo cualitativo se asume como
un trabajo de
campo dirigido a la observación del fenómeno educativo e
interacción socializante,
que se manifiesta en los modos de vida de los habitantes
rutinarios y silenciosos
de los espacios urbanos, tal como lo indica Husserl (1982) y
Martínez (1991).
En cuanto a la técnica de observación, procedimiento en los
cuales el
investigador presencia en directo los
fenómenos empíricos, debido a que
la
experiencia humana tiende a detenerse en aquellos hechos o
situaciones que
suelen llamar más atención, más, si son casos como los que
se plantean en este
estudio que a todas luces se distinguen; pero el observador
le resulta imposible,
con esa sola técnica, estudiar pensamientos, ideas,
creencias, sentimientos que
se producen en el interior de cada quien, puesto que el
objetivo de la observación
es el de acercarse al fenómeno, conocer sus características
externas, más no le
es dable el entendimiento del mismo, tal como lo expresa
Ruiz e Ispizua en
Valles (1997).
En el caso de la observación nuestra, ésta se efectuó en los
lugares donde
se centró la investigación, los cuales fueron los parques,
plazas, calles, y sitios
públicos, donde por general transitan los sujetos a que se
hace referencia, en un
período de observación de participación pasiva desde el 2006
al 2008, adoptando
roles periféricos, tales como paseante, espectadora, mero visitante
de los
espacios. Se pudo anotar sobre las reglas culturales que
siguen los actores
estudiados en esos espacios abiertos de la gran ciudad, y
los cuales se han
señalado a través de la presente investigación. Este tipo de
observación se
84
escogió porque minimiza, incluso, hace pasar por
desapercibida la presencia del
investigador evitando los efectos reactivos de los actores
callejeros.
Para los etnometodólogos esta observación es conveniente
porque
demuestra cómo se organiza la vida social, sin embargo hay
que complementarlas
con audios, videogravaciones, y especialmente las
conversaciones o entrevistas,
los cuales desempeñan roles más próximos a lo que el
investigador se propone,
en ese sentido, se utiliza en esta investigación la técnica
de la entrevista.
Si
bien las observaciones fueron meticulosamente anotadas,
estas versiones nunca
serán suficientes en la investigación científica, se
necesitan además las
traducciones de los protagonistas e informantes involucrados
de una u otra
manera en esos modos de comportamientos sociales, lo que le
proporciona
fiabilidad a la investigación de tipo cualitativa.
En ese sentido la entrevista a profundidad fue la
seleccionada en la
comunicación por ser esta abierta e informal, ya que se
dialoga en ella entre
mezcla de conversación y preguntas insertadas. Esto, porque
los sujetos
investigados deben percibirla como conversación y no como
interrogatorio. De
este modo se suprimen en parte las resistencias encontradas.
La investigación es entonces fenomenológica, apoyada en la
hermenéutica
como herramienta interpretativa de los discursos sociales y
adicionalmente se
evidencia en ella una tendencia a lo microsociológico bajo
las características de la
Etnometodología. Por otro, esta investigación toma como base
lo expresado por
Taylor y Bogdan (1992): no busca la moralidad, culpabilidad,
o la verdad, sino una
comprensión detallada de los epistemes de las otras
personas, que con frecuencia
son minorías o personas que no tienen la aceptación de las
mayorías, y por tanto
ignoradas a pesar de sus tragedias y sufrimientos.
El investigador busca un
conocimiento directo de la vida social, no filtrado por
conceptos, definiciones
85
operacionales o escalas clasificatorias, habla directamente
con los involucrados
en la situación, en este caso, los habitantes de la calle.
Diseño
En las investigaciones sociales los distintos sujetos
centran sus relaciones
en la comunicación, siendo ésta un nuevo tipo de correlación
entre el sujeto
investigado y el objeto en el campo científico, que en este
caso, también serán
sujetos actuantes, así entonces, el investigador se
convierte, al decir de Córdova,
(1990), en un observador participante, siendo la propia
subjetividad una fuente de
conocimiento, aplicando luego con ella estrategias de
observación más holísticas,
porque observando se comprende.
Por esa razón, el discurso cualitativo se presume
preformativo y
preponderante en el caso de los habitantes de los espacios
libres en su micro
mundo y en su relación con la investigadora.
El
estudio
se
estructura
entonces
como
una
investigación
etnometodológica, con base en hermenéutica fenomenológica y
se asocian a ella
tres ámbitos de intervención: los espacios urbanos
rutinariamente ocupados por
personas desvinculadas del rigor normado en lo social
–entendidos como
habitantes silentes del espacios urbano-, ubicados en los
municipios San Diego,
Valencia y Naguanagua en el estado Carabobo. El segundo
ámbito de
intervención es la entrada del investigador en esa esfera de
dominio de la gente
de la calle, con el propósito de indagar sobre su vivencia y
sentimientos
experimentados es esa estadía, y, la tercera, la posibilidad
de una inserción social,
a través de una propuesta de acompañamiento distinta a las
implementadas en la
educación formal.
86
Conglomerado de informantes
Está constituido por la totalidad de los rezagados sociales
que se
evidencian en los espacios urbanos públicos en el estado
Carabobo, diseminados
fundamentalmente en los tres municipios ya identificados. Es
de observar que en
este caso particular la data referencial es tomada de los
registros de la Misión
Negra Hipólita, activada en el estado Carabobo como una
extensión de la Misión
del mismo nombre que se implementan
a nivel nacional, y expedida por
la
Secretaria de Desarrollo Social de este Estado en el año
2008. De acuerdo a las
estadísticas que se llevan en la Misión regional, hay 2.986
personas registradas
como habitantes de los espacios urbanos. De ellos se
asumieron como
informantes clave un grupo de sujetos cuya accesibilidad se
hizo amigable.
Informantes clave
Se configura empleando la técnica de incorporación del
informante
mediante elección por conveniencia y la consideración del
número de integrantes
se hace por saturación. Se interactuó con nueve actores
sociales con dominio
referencial inherente al fenómeno de educación de calle,
hasta tres personas por
cada municipio.
Estrategias y técnicas de recolección de información
La información se recolecta a través de la estrategia de
ingreso voluntario al
escenario de investigación; se empleó la técnica de la
entrevista a profundidad,
utilizando registros grabados, filmaciones y fotografías que
fijen la dinámica del
escenario de trabajo y corroboren la legitimidad de la
información obtenida.
87
Técnicas de procesamiento de la información
Los registros derivados de las entrevistas, grabaciones,
filmaciones y
registros fotográficos, fueron tratados como rastreos
vivenciales etnográficos, y
estudiados desde la perspectiva interpretativa a los fines
de segmentar,
deconstruir y reconstruir los discursos.
CONCLUSIONES Y REFLEXIONES
La gran ciudad es una especie de Tierra Prometida. Hacia
ella se dirigen
quienes abandonan familias y vida corriente por los motivos
que sean; pero a la
vez dan lugar a diversos problemas sociales y personales por
lo que es importante
su estudio en la teoría socio cultural, Pero a la vez no hay
que olvidar que los
espacios abiertos son sitios para la socialización y
aprendizajes si son utilizados
de una manera creativa y respetuosa.
Como estamos contestes en que la educación es un agente de
cambio que
las culturas se trasmiten y modifican, tenemos que preguntar
¿cómo sería la
situación social de los familiares de la gente de la calle
quienes recibirán
consecuencialmente de sus padres una herencia de
marginalidad y frustración
crónica, dado, como se dijo, que también la cultura marginal
se trasmite? Habrá
que hacer para impedirlo la utilización de todas las fuerzas
y el poder que las
civilizaciones le han dado a la educación, y habrá que
cambiar el régimen de ella,
incluyendo su administración y elaboración de sistemas
curriculares, así pues, los
planes de estudios, el proceso de enseñanza y aprendizaje y
el régimen de la
educación, tendrán que transformarse.
Inseguridad y deserción escolar posiblemente estén de la
mano, por lo que
se exige la búsqueda de alternativas no tradicionales para
la solución de estos
problemas sociales. Es necesario abrir vías educativas de
manera que personas
no docentes decidan con su apoyo la transformación efectiva
de otros dentro de
88
un proceso de comunicación sui géneris. Se requiere para
ello una disposición y
actitud
de construcción, a la vez que de solidaridad, compasión,
tolerancia,
espiritualidad, y en especial, fe, de manera que gente en
situación de minusvalía
social rompa sus ligaduras del vicio y el alejamiento,
recobre su dignidad de
persona humana, valore la vida, la familia, disfrute el
trabajo y la convivencia en su
medio disminuyendo así las distancias sociales.
De lo anterior se puede concluir que a pesar de esa
exigencia inalienable e
irrenunciable que tiene el hombre,
no es la educabilidad
otorgada por los
estados, ni una concesión graciosa, es un derecho existente,
que reconociéndolo
en cada ciudadano, tiene la obligación el Estado de ofrecer
opciones y modos de
hacerla real y efectiva a todos por igual. De ahí que sea la
educabilidad
necesariamente igual a todos, porque sin ella el hombre
estaría privado de las
posibilidades de autorrealización, de personalización y de
socialización.
El ser humano es educable por su posibilidad autoconsciente.
Esto
significaría que el predicado de la conciencia es la
manifestación más genuina de
la educación, porque mueve el espíritu de actuar y operar,
lo que a la vez son
características del proceso educativo. A la par, es
necesario que en ellos fluyan
los actos emocionales, que ya no son los pensamientos, sino
lo afectivo, lo que los
hará “mover y desear” ser diferentes. Si los sujetos en
estudio no son capaces de
adueñarse de estas capas de su ser, cualquier docente verá
amenazada su labor
de ayuda en ellos. En igual reflexión: si los docentes para
el caso que nos ocupa,
no son capaces de aflorar en la gente de la calle alguna
proyección de futuro
como una realización de su libertad, lo que significa “verse
más allá de hoy”, igual
tendrán amenazada su labor.
Por otra, si a los sujetos de la calle se les añadieran el
aprecio, la
preferencia, el gusto, el agrado o el interés en la vida, y
el respeto, bien pudiera
suceder en ellos la conversión de sus valores. La persona es
indiferente en tanto
89
no haya descubierto una estima o preferencia en el objeto
que se le presenta, en
este caso, la educación, o ante el sujeto el cual lo va a
acompañar en el proceso,
si ambas resultan positivas para él, despertará una actitud
apreciativa y lo tomará
como bien y valor.
En el caso de los docentes de calle, ese encuentro con el
otro -que a la vez
es consigo mismo-, el aprender y saber respetar, y
admirarle, el sentimiento de la
cooperación, la preparación vivenciada para el entendimiento
de los modos de
vida sin fronteras o prejuicios y el uso de los mismos
grupos como medio
educativo, son expresiones inéditas en el proceso educativo
que bien vale la pena
ensayar como medio de inserción social.
Por otro, la pedagogía es una construcción de la modernidad,
y su
conceptualización en principio tiene que ver con las
problemáticas que se suceden
en las instituciones escolares, que hace referencia a la
introducción de las nuevas
generaciones en un proyecto de sociedad que necesariamente
toca con las
transformaciones de la cultura, sentires y pareceres
derivadas del saber común y
cotidiano.
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Aminta
Aquino
e-mail:
amintaaquino@yahoo.com
e-mail: phdaminta_aquino@yahoo.com
e-mail:
prof.a.aquino@gmail.com
1978: Licenciada en Educación Menciones Orientación y
Administración
Educacional (UC). 1983: Abogada (UC). 1990: Especialista
Psicología Cognitiva
(UCAB), 1993: Magister en Derecho Tributario (USM). 1998:
Especialista en
Derecho Tributario (USM). 2012: Doctora en Ciencias de la
Educación (UFT.)
Cursante Postdoctoral. Agenda de Investigación: La
Epistemología desde su
praxis y producción. (UFT). Línea de Investigación: Gerencia
Educativa y
Liderazgo: Transformación universitaria, integración,
inclusión social y educativa.
1999: Primer Lugar Concurso Mérito y Credenciales
Legislatura Regional.
2008: Reconocimiento Bodas de Plata Profesionales Colegio
Abogados de
Carabobo. 2007: Reconocimiento por Docencia en Postgrado
(UPEL). 2006:
Condecoración Orden Cristóbal Mendoza Colegio de Abogados de
Carabobo.
2005: Reconocimiento Ateneo del Municipio Naguanagua, 2003;
Oradora de
Orden en Ocasión del Día del Maestro, Valencia. 2002:
Oradora de Orden V
Aniversario Ateneo del Municipio Naguanagua. 2001: Oradora
de Orden X
Aniversario Autonomía Municipio Naguanagua, Plaza
Bolívar de Naguanagua.
2000: Diplomas otorgados por el Centro de Orientación,
Asesoría y Capacitación
Municipio Bejuma, Empresas Familiares y Pequeña Escala, y
Capacitación de
Micro Empresas. 1995: Botón Ciudad de Valencia, Alcaldía del
Municipio Valencia.
1990: Reconocimiento 25 Años de Docencia Ciclo Básico
Nagunagua, Carabobo.
93
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